Capítulo 20

1524 Words
¿Cuál es el secreto que escondes Aaron Connelly? ¿Qué hacía metida en un avión y rumbo a Suiza? Pues ni yo sé la respuesta correcta a esa interrogante, lo único que sé y tengo claro es que voy vestida con un traje dos piezas de chaqueta y pantalón que son más delgados que viento fresco de verano. —Deja de refunfuñar y fruncir tanto el ceño, Shannon. Te saldrán arrugas y te verás feita, amiga. —No me molestes Vannah, no sé por qué les aguantas tanto a estos dos. —Sencillo, James sabe donde vamos y con quien nos veremos y noto la aflicción en su rostro, eso quiere decir que esa persona es importante tanto para él como para el idiota de Aaron, aunque ese otro no diga absolutamente nada. ¿Viste su cara como cambiaba con la llamada? —No, no la ví—miento, sí la vi, pero no es que quiera estar prepcupada por él, no eso jamás—¿Y eso lo haces solo viendo sus rostros? —No solo por eso cariño, es porque conozco a mi niño bonito, esa tal Louise debe ser super importante para ambos. Ya sabemos que es una chica o niña y que está en un internado, por cierto, uno de los más prestigiosos del mundo. El tema es otro, debemos saber cuál es el parentesco de ella con Aaron porque no me parece que sea su hermana, James me comentó que Aaron era hijo único. —Estoy impresionada con tu sabiduría ¡Quiero ser tu Padawan mi maestra Jedi! Ambas soltamos una risita cómplice y, en el viaje, fuimos haciendo hipótesis para saber quién diablos era la mentada Louise y qué carajos hizo para que James y Aaron cambiaran todo los planes presupuestados para el día de hoy. Para nuestra desgracia, James se había sentado junto a ese incordio en los primeros asientos y, al parecer, le estaba dando un sermón a Aaron, pero todo era casi en murmullos y miradas hacia nosotras, estoy segura que ambos estaban intentando que no supiéramos qué estaba pasando, lo que alimentaba mis ganas de saber más, por lo que me levanté al baño y justo me encontré con Teresa, nuestra hermosa asistente de vuelo. —¿Todo bien, Shannon? —me pregunta tan amable como siempre. —Dentro de lo que se puede sí, Teresa, pero tengo una duda y puede que tú me puedas ayudar—a lo mejor y ella sabe algo ¿no?. —Por supuesto, dime y si está en mis posibilidades lo hago. La llevé hasta la zona donde se prepara la comida y miré de reojo para ver si alguien nos había notado, pero nada. Respiré profundo y me aventé a preguntar. —Teresa, me imagino que también conoces al arquitecto Connelly ¿no?—le digo, indicando a los dos hombres que discuten o hablan, o más bien es James el que sigue hablando. —Algo, sé que es socio y amigo de nuestros jefes y que ha asumido el cargo en la oficina de Dublín, pero no mucho más, algunas veces ha viajado con nosotros por cosas de la empresa, pero es bastante serio y reservado—su tono de voz esconde algo, lo sé, lo siento en mis venas, ella tiene información, por eso me atrevo a picarla un poco. —Pero algo más… No sé, algún escandalo de faldas o algún tropiezo como un hijo perdido u otra cosa. Digo, pensando en si lo ubicas más por las noticias en Dublín, con esto de que asumiré el cargo de su asistente me gustaría indagar más sobre mi nuevo jefe y no quiero encontrarmecon una sorpresa desagradable. Un destello de luz aparece en esos preciosos ojos azules, la tenía. Ya sabía yo que haberme juntado estos últimos días con Chris mientras James se emborrachaba darían frutos. Teresa mira hacia todos lados y me acerca para hablarme al oído, no sé si será por la cercanía o la falta de actividad física, pero huele rico como a vainilla y es bastante guapa, lo peor es que mis vellos se erizan con el aliento de ella en mi oreja. «Enfócate, Shannon» —Por lo que tengo entendido, es un mujeriego de primera, que pasa de cama en cama, sin importarle nada, lo ha sido desde la universidad. —Ya veo— digo asintiendo para que siga y creo que me entendió . —Supe que sus padres han intentado, por todos los medios de que siente cabeza y casarlo, de hecho varias chicas de la alta sociedad han sido sus citas a ciegas, pero todas terminan de la misma forma. —¿Cómo? —Un polvo y si te he visto no me acuerdo. —Ah…—como la rubia de la oficina, Iugh. —Pero ¿por qué lo preguntas? ¿Se te ha ofrecido? ¿te ha insinuado algo? Mira que el señor James le tiene advertido que no puede meterse con los empleados de la empresa, el jefe de verdad que nos cuida—me dice un tanto preocupada, por lo que debo calmarla, no era esta mi intención al preguntarle. —Tranquila, no es eso. Es solo por lo que te dije, como debo trabajar directamente con él y me quedaré en la sucursal de Dublín hasta que todo esté traspasado a Nueva York quería tener claro quién era mi jefe y a qué atenerme. —Eso es genial, podría invitarte a conocer la ciudad, tomar un café o salir de copas—¿y ese cambio tan abrupto de tema? ¿será que a ella sí se le ha insinuado? Puede ser y por eso está tan enterada de todo, pero no me dijo nada de la tal Louise.. —Me encanta la idea, eso sería bonito, ya ves que después de dejarnos en Suiza, James y Vannah se irán y yo me quedaré sola en la ciudad. —¡Teresa! —ambas saltamos al escuchar a este tipejo que se escucha con la voz pastoza— Necesito un café n***o y doble, por favor. —En seguida se lo llevo, señor Connelly. —Gracias. —Que geniecito se trae hoy este hombre. —Ni que lo digas, yo siempre lo veo así. —Ahora que recuerdo… —¿Qué cosa? —Algo que alguna vez dijo el Joven Christian. —Algo como qué. —Creo que fue como, antes cuando estaba Ros eras más simpático y todos te amábamos o algo así. —¿Ros? —Ross, Rosa, Ro… ¡Rosy¡, sí ese fue el nombre que dijo el joven O'Connor. —Rosy… Interesante. —¡TERESA! —Voy, señor Connelly. Lo siento, Shannon, deberemos dejar la conversación para otro momento. —Sí, ve tranquila, no vaya a ser que le dé una apoplejía de tanto gritar por su café. Con más dudas que respuestas, pero con otro nombre más para sumar a mi lista, vuelvo a mi asiento y le comento a Vannah lo que me acaba de contar Teresa, ella lo medita y luego le pide algo de beber, mientras yo voy dando vueltas en mi cabeza con toda esta información. —Ya tenemos claro que si esos dos no nos dicen nada mi querido cuñadito tendrá que soltar la sopa. —¿Tú crees que él nos dirá? —Estoy más que segura—lo dice con tanta convicción que hasta yo le creo. El tiempo pasa lento como un caracol y creo que hemos volado por cinco mil horas. No entiendo por qué estoy tan ansiosa, si el del problema es Aaron, no yo, pero ya no me quedan uñas y Vannah duerme como una bebé a mi lado. —Deja ya de darle vueltas al asunto, si no me equivoco estamos a punto de aterrizar. —¿Te despertaste? —Obvio, mi reloj biológico me dice que debo comer o mi bebé comenzará a patalear. Como si fuera un presagio, la voz del piloto se escucha por los altoparlantes informándonos que en quince minutos estaremos aterrizando en el aeropuerto de Ginebra, Teresa nos ayuda a colocarnos nuestro cinturones y Vannah toma mi mano. —Todavía no me acostumbro a esto de volar. —Relájate, tu ya sabes lo que dicen de los accidentes aéreos y los aterrizajes... —Ya, cállate, Vannah. Las ruedas del avión hacen contacto con la loza del aeropuerto y de verdad que agradezco a dios por llegar sanos y salvos. Estoy que corro y piso el suelo bajo mis pies, pero debería esperar para eso, ahora se venía la segunda parte de este viajecito y conocer a la mentada Louise... Rosy y Louise… ¿Quiénes eran estas dos mujeres que desestabilizan al demonio irlandés? ¿Qué es lo que esconde Aaron Connelly tras esa carita de yo no fui? Estaba a nada de descubrir quién era una de ellas, por lo menos, lo que no sabía era todo lo que iba a implicar que Louise entrara en mi vida. ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
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