Una llamada inesperada
Estamos en pleno aeropuerto, esperando que esos dos por fin se fueran a Nueva York, cuando mi teléfono comenzó a sonar, la primera llamada la desvié, pero quien me estaba llamando era demasiado insistente. Miro a mis amigos y me decido a contestar.
—Denme un segundo, ni se les ocurra irse sin despedirse de mí.
Camino a un costado y deslizo mi teléfono aceptando la llamada. Miro de reojo a mis amigos y me atrevo a contestar.
—Hola.
—Buenas tardes, con el señor Connelly.
—Con él ¿Con quién hablo?
—Señor Connelly, siento mucho molestarle, le estoy llamando del Instituto Le Rosey y…
—Aún no me ha dicho con quién hablo, señora.
—Perdón, soy la directora Lora Winter, pensé que se lo había dicho, es que lo que ha pasado es demasiado complicado y estamos un tanto preocupados por lo que ha provocado a Louise.
—¿Le Rosey? ¿Louise? ¿De qué me habla, señora Winter?
—Siento mucho tener que decirle esto, pero los actos de su hija son causal de expulsión, así que necesitamos de su presencia lo más pronto posible.
—¿Y por qué no llamó a mi madre? Ella…
—Ella dejo estrictamente establecido que quien era el tutor de la niña es usted y que cualquier problema o situaciones que debamos tratar sobre ella.
No, no, no, esto no podía ser cierto, esa chiquilla se había metido en problemas y lo peor era que mi madre me la había hecho.
—Señora Winter, yo… yo no puedo viajar en este momento, estoy en medio de un problema de trabajo y…
—Señor Connelly, lo siento mucho, pero la prioridad de todo padre es estar con sus hijos y de no ser así tendríamos que hablar con alguna institución que se encargue de la señorita Connelly o algo similar si usted no se quiere hacer responsable.
—¡¿Usted está loca?! ¡No puedo viajar en este momento! ¿Qué no entiende? Pero de eso se encarga mi madre, yo… ¿Qué Louise qué? ¡Maldita sea! Sí, lo entiendo, veré que puedo hacer.
—No lo estoy señor Connelli, lo esperamos antes de las seis de la tarde, hasta luego.
Y la bendita mujer me corta el teléfono, dejando que hable solo y aguantando las ganas de gritar que tenía en ese momento.
Me doy la vuelta y noto que mi amigo y las chicas ven mi cara y creo que ya intuyen que algo malo a sucedido. Hago unas cuantas respiraciones e intento ordenar mis ideas, pero alguien toma mi hombro y me habla.
—¿Qué pasó con Louise? — era James el que me hizo saltar como conejo.
—¡Mierda, me asustaste!
—Dime ¿Qué pasó con ella, Aaron?
—Algo hizo en el internado y la van a expulsar, debo viajar ahora ya.
—¿Todo bien? — nos pregunta Vannah que viene con Shannon acercándose a nosotros.
—No, nada está bien.
—Tranquilízate, hablaré con el piloto y veremos el pasar a dejarte a ti y luego viajar a Nueva York, es cosa de cambiar la bitácora de vuelo.
—¿Y qué voy a hacer cuando esté allá?
—Asumir, como deberías haberlo hecho hace mucho tiempo, Idiota.
—Acompáñenme, no me dejes solo en esto, por favor. Esto es de vida o muerte—No sé por qué se lo pido, pero de cierta forma James es el indicado para estas ocasiones.
—Pues vamos, tenemos mucho que arreglar antes de salir.
Los cuatro nos dirigimos hacia el avión de la empresa de James y en menos de una hora ya estábamos rumbo a Suiza, Shannon incluida, pues debería trabajar conmigo a distancia hasta que solucionara este maldito problema. Hoy era uno de esos días en que odiaba ser quién soy y más aún en quién me tendría que convertir…
Dentro del avión las miradas de Vannah y Shannon lo decían todo, estaban molestas, sobre todo la castaña que me provoca pesadillas y fuertes erecciones en la noche ¿y qué hacía yo? Tomar whisky como condenado, necesitaba estar ebrio o demasiado borrado para afrontar lo que me tocaba.
Ya estaba pensando en mi cabeza lo que me diría mi madre.
“Si Rosy estuviera aquí…”
“ ¿Qué crees que haría ella?”
“ ¿Alguna vez te has puesto a pensar en lo que ella diría de tu actitud con Louise?”
“Dios santo ¡Es tu hija!”
Mi hija, aquella pequeña que he dejado a un lado por tantos años porque me recuerda el dolor de haber perdido a la única persona que realmente he amado y a la que he culpado por eso por la maldita razón de que no tengo a nadie más a quién culpar.
Y ahora, ella me necesitaba.
—Deja de beber, maldito pendejo y cuéntame lo qué pasó con mi ahijada.
—Hey, devuélveme mi vaso.
—No pienso hacerlo, ya has bebido lo suficiente y necesitas estar sobrio para hablar con esa gente.
—James ¿Qué mierda voy a hacer?
—Yo ya te lo dije, asumir lo que siempre debiste hacer, ser un padre para esa niña y de una puta vez por todas darle ese amor que tanto necesita.
Te has cerrado tanto en tu propio dolor, desde la muerte de Rosemary que no ves todo lo que te has perdido junto a esa pequeña. Sus primeros pasos, la primera palabra, su primer diente, su primera fiebre o simplemente su primer corte de cabello y te hemos entendido y apoyado, aunque nos ha costado, sobre todo a Chris, él fue el primer detractor de todo lo que hemos hecho para apoyarte y cubrirte las espaldas.
¿Sabes quién estuvo contigo desde que Rosy falleció y tú te botaste a la botella?—niego con la cabeza porque eso es algo que hasta el día d hoy me he preguntado y siempre creí que era mi madre—Fue Chris, el los llevó el día de su funeral a tu piso y se encargó de la niña cada día y noche por esa maldita semana que te encerraste, esperando para que recapacitaras y salieras de ese pozo en el que te habías sumido, pero nada, no reaccionaste, ni siquiera cuando intentamos, con el dolor de nuestro corazón, dejarlos solos y que te encargaras de Louise. Estabas tan borrado que dijiste cosas horribles, la culpaste a ella de la muerte de Rosy, ¡Hasta dijiste que la dejarías en un orfanato! Te juro que ese día quería matarte con mis propias manos, pero Duncan me detuvo y cuando la tía salió con esa pequeña en los brazos me prometí quererla y protegerla por ti, sin importar el que tú no la quisieras. Nosotros le daríamos ese amor que tu le negaste, pero todo eso cambió cuando se te ocurrió la genial idea de mandarla a Le Rosey y en un principio creí que lo hacías por su bien, hasta que la tu mamá nos dijo que casi te obligó a hacerlo y Chris me lo ratificó.
—Yo no sabia todo eso, James, Yo…
—Has vivido en una burbuja y en parte nosotros somos los culpables, pero de algo no me arrepiento y es de haberle dado amor a esa pequeña.
—Lo siento, James.
—Si tanto lo sientes, es hora de que lo demuestres y te pongas los pantalones, Louise se merece ese Aaron cariñoso y medio pegote que tanto amó Rosy, date la oportunidad y dale la oportunidad a ella de recibir todo ese amor que llevas guardado en ese corazón, te prometo que te apoyaré en todo, pero no te cierres a la maravillosa oportunidad de ser un padre para esa niña.
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