Desperté sin saber cuánto tiempo había pasado, con el cuerpo pesado y un dolor sordo en el hombro. Lo primero que vi fue un techo de madera, y después, dos caras, Emilio e Iván, con unas ojeras que llegaban hasta el piso, dormidos en unas sillas al lado de la cama, tomados de mi mano cada uno. Me quedé mirándolos, y algo raro se movió en mi pecho, algo tibio, algo que hacía mucho no sentía. -cuánto tiempo estuve dormida? Los dos se despertaron de golpe, como si mi voz los hubiera sacado de un pozo. -Iván: Luna! Estás despierta! Emilio, está despierta!-Emilio: no te muevas, la herida todavía está cerrando. Estuviste tres semanas entre la vida y la muerte. -tres semanas? -Iván: la lanza tenia veneno. Ningún curandero sabía cómo tratarlo. Creímos que te perdíamos. Me llevé la mano al pecho, y

