cocina por un vaso de agua, y ahí estaba Emilio, sin remera, tomando algo mirando por la ventana.Me quedé un segundo mirándolo, porque, seamos honestas, el hombre era una obra de arte, todo músculos y cicatrices de guerra. -Emilio: sabés que te siento mirar, no? -no te miraba, buscaba agua. -Emilio: ajá. El agua está en la otra dirección, gorda. Me puse colorada y él se rió, y me alcanzó un vaso, y nos quedamos los dos en silencio, mirando la luna llena por la ventana. -no puedo dormir. Cada vez que cierro los ojos, escucho la voz de Ruby despidiéndose. -Emilio: la extrañás. -mucho. Y es raro, porque durante años la odié, la tuve callada a propósito. Y ahora que no está, siento que me falta la mitad. Emilio se acercó, y me corrió un mechón de pelo de la cara, con una ternura que me hizo te

