Eros tocó la puerta de la habitación de Aileen pero no recibió respuesta, aún así sabía que allí estaba porque escucho la ducha al entrar en el espacio. Esperó ahí sentado en la silla del tocador pero ella no salía, y la tentación le ganó por lo que fue a ver si estaba bien. Si ella lo había visto desnudo ¿que mal podía hacer echar un pequeño vistazo?
Estaba de espaldas lavando su cabello que caía en cascada por su espalda hasta la mitad de sus caderas, debía reconocer que tenía un cuerpo maravilloso gracias a que estaba recuperando su peso ideal.
Se alejó y espero a que ella saliera, volvió al asiento y se quedó mirando todo lo que había traído de la isla y lo que Cora había comprado para ella.
Cuando por fin salió freno en seco agarrando fuertemente la toalla envuelta en su cuerpo.
- ¿Que hace aquí?
- si toque. Alístate, voy a llevarte con mi tía Anthea
Era el día en que Eros se iría de viaje por un tiempo indeterminado para hacerse cargo de sus negocios exteriores, era dueño de varios clubes, restaurantes, y presidente y gestor de su propia empresa de inversiones. Así que llevaría a la chica a casa de su tía y poner un poco de distancia, esa muchacha se estaba metiendo en todos sus pensamientos incluso en los sueños, lo que sinceramente agradecía porque no tenía pesadillas, prefería mil veces levantarse con una erección.
- ¿Te vas hoy? ¿Que hay de las clases que debo empezar?
- si. Allá iniciarás mientras vuelvo - no le dió más explicaciones y salio, así que ella se vistió y preparo una maleta con cosas esenciales.
No sabía cuánto tiempo demoraría él en volver, quizás días o incluso meses. Y ya empezaba a extrañarlo.
El viaje a casa de su tía duraba casi una hora, así que en el camino trataba de memorizar las calles y quizás poder salir a pasear.
- Aileen escucha, investigue sobre la cuenta que había en el documento que me diste y está en el banco Emporiki Bank. Al parecer tus padres y tu tía te dejaron dinero suficiente para vivir bien un tiempo. Debes ir a verlo tu misma - le tendió una tarjeta de crédito y su identificación - te la saqué para que puedas retirar dinero cuando lo necesites
- nunca supe nada de eso, pero muchas gracias Eros.
- de nada. Entonces en dos días tendrás un profesor particular y podrás empezar en la universidad, se que sobra decirlo pero espero que te portes bien.
- claro que sí.
- bien. - ella lo miro preguntando
- ¿Cuando volverás?
- no lo sé, tengo mucho que hacer pero estaremos en contacto. - Entonces ella se acercó con osadía y dejo un beso en sus labios junto con el sabor de su pintalabios. - Aileen...
- Estaré esperando por ti, tienes una promesa que cumplir
Sabía perfectamente a que se refería. En el yate cuando la tocó juro que pronto la tomaría y ella no se opondría, por el contrario, lo esperaría con ansias porque ya estaba enamorada de él.
Anthea escucho el auto llegando y salió para recibirlos. Abrazo primero a su sobrino y luego a Aileen.
- ¡que bueno que llegaron! Pensaba que me dejarían con el almuerzo servido.
- claro que no tía.
- vamos. Aileen la pasaremos de maravilla tu y yo, ya verás. - ella sonrió.
La casa era grande y hermosa la fachada estaba hecha de piedra, parecía antigua pero los muebles eran modernos, tenia pinturas renacentistas y alguna del romanticismo que de alguna manera combinaban, también esculturas pequeñas sobre las mesas. Anthea tenía bien gusto en el arte.
- entonces sobrino ¿Cuánto te quedarás en New York?
- no lo sé. Debo ir a ver a todos mis clientes
- entiendo.
Luego del almuerzo Eros espero una hora más para que fuera tiempo prudente y poder irse.
Se despidió de la chica hablándole con calma
- volveré por tí Aileen.
- lo sé, voy a esperarte. - le regaló una caricia en la mejilla y luego se alejó con su tía para hablar con ella.
- no te preocupes cariño, estará bien. Haré todo lo que me encargaste para ella.
- te lo agradezco. Aprovecharé para ir a visitar a mis padres
- perfecto. Dale mis saludos a mi hermano.
- así será. - se dió cuenta hacia donde miraba él y trato de ocultar una sonrisa.
Su sobrino estaba empezando a sentir cosas por la chiquilla pero a veces era muy orgulloso para admitirlo, aparte de que se cerraba como una letra y no dejaba que nadie viera sus sentimientos.
Entro en la casa.
Aileen miraba por la ventana como el auto se alejaba. La persona que quería y le había salvado la vida ahora la dejaba sola, bueno él era todo lo que ella conocía desde que había vuelto a la ciudad.
Anthea volvió a la casa y la encontró sentada mirando a la nada.
- niña querida - se sentó a su lado y tomo sus manos sonriendo - sé que no te sientes bien en este momento pero aunque yo sea una vieja te aseguro que la pasaremos bien. Además estarás ocupada en algunas cosas que Eros me encargo para tí.
- se lo agradezco mucho señora
- no hija, nada de señora, solo Anthea
- está bien, Anthea.
- bien. Empezaremos por salir está tarde a cenar por fuera, te enseñaré un lugar que te va a encantar
- de acuerdo.
Aileen se puso un pantalón n***o y una blusa manda larga color beige, unos tacones y recogió su cabello en una coleta alta. Estaba lista para salir cuando Anthea entro en su habitación.
- es hora de irnos
- ya estoy lista
- antes quiero entregarte algo. - le tendió una caja pequeña que ella reconoció enseguida, un celular de los nuevos, que hasta hace unos pocos dias había salido al mercado - Eros quiere que lo tengas
- es un gran detalle, gracias.
- de nada querida. Vámonos ya.
Anthea iba con un propósito en mente, que ella se relajara un poco y se divirtiera. Haría todo por su invitada y cuando Eros volviera intentaría hacer que ellos dos estuvieran juntos. Ya lo había visto en los ojos de ambos, ese sentimiento llamado amor.