Capítulo 22

1231 Words
Narra Carolina Después de ese suceso, pasaron los días, ya por fin estaba fuera de la clínica y acordamos vivir juntos como había sugerido Sebastián. Y a pesar de amarle, teníamos cosas por sanar y resolver. No hemos hablado más, ese día, una enfermera interrumpió aquella conversación. En cuanto a nosotros, hay miradas, gestos, pero ninguna palabra... Siempre acaricia mi vientre cuando el supone que estoy dormida pero en realidad, mi cuerpo reacciona con solo sentirle cerca y eso pasa todas las mañanas y las noches... Esto se está convirtiendo en una costumbre. Actualmente, nos mudamos a la casa que el tiene en el batallón. Creo que de esa forma se siente mucho más seguro de que no nos pase nada, pues está cerca de su oficina. Para la hora del almuerzo, siempre regresa a casa para compartir el silencio mientras comemos. Hoy habíamos ido por unas compras para nuestro hijo. Le habíamos comprado un poco de todo y Adrián no dejaba de mirarme todo el tiempo. - Llevar a nuestro hijo en tu vientre, te hace lucir más hermosa de lo que eres- dijo sonriendo con melancolía, yo sonreí de vuelta- - Muchas gracias, Adrián - dije agradeciendo sinceramente, el suspiró y justo cuando iba a pagar, el extendió una tarjeta negra- Pero...- el me miró - - No dejaré que mi esposa pague esto también, Caro... Quiero tener un detalle con nuestro hijo... Comprarle cosas así como tú lo hiciste todos estos meses- dice mirándome con cariño. No me opongo y asiento- Salimos de esa tienda para pasar por otras más. Después de ello, nos fuimos a casa pero al bajarme del carro, me dio un leve mareo que logró desestabilizarme. Por suerte, Adrián corrió antes de que pudiese caerme. Nuestros ojos estaban fijos en el otro. - ¿Te sientes bien?- preguntó después de carraspear, yo asentí - - Fue un leve mareo - dije tranquila, el asintió, soltándome lentamente- - Entremos, pronto empezará a nevar y puede hacerles daño- yo asentí porque la verdad es que sentía mi piel helada- Entramos a la casa y fuimos directo al cuarto de nuestro bebé. Ya todo estaba preparado para su nacimiento. Me acerqué a la cuna y toqué mi abdomen. - Te amo infinitamente, mi amor... Ya quiero tenerte entre mis brazos y poder estrechar tus manitos... Decirte todo lo que te he anhelado estos meses y lo feliz que me hace el saber que vienes en camino- una lágrima cayó de mis ojos y de pronto, me sentí intimidada por aquellos meses de soledad, donde él era mi única compañía - Te amo y te amaré por el resto de mi vida, mi pequeño- dije acariciando mi abdomen, el estaba enérgico, respondiendo a mis caricias y como si logrará entender mis palabras. En ese momento, siento unas manos sobre las mías que aún estaban en mi vientre. No dijo nada, solo me abrazó mientras acariciaba a nuestro hijo- Las semanas pasaron y pasaron... Seguíamos en lo mismo... No habían palabras, pero era más que evidente que la atracción entre nosotros, era palpable, cada vez que por accidente, había un roce entre nuestras manos, alguno de los dos la retiraba como si de fuego se tratara. El seguía realizando las visitas nocturnas y las matutinas pero en cuanto a nuestra relación, estábamos estancados. Hoy noté que no llegó a almorzar, no quería escribirle para no agobiarlo, pero las horas pasaban y pasaban y el no llegaba a casa así que me preocupé y justo cuando estoy por salir, el viene entrando en un estado de alcoholismo, muy alto. - ¿Adrián?- preguntó extrañada, el me mira y sonríe - - Mi pequeña esposa - dice tratando de acercarse a pasos poco equilibrados a mi- - Estás borracho- dije segura mientras le miraba incrédula, el negó mientras me miraba- - Me siento muy mal y estoy muy mareado pero no estoy borracho- dijo llegando a mí. Me miró y en un momento dado, subió su mano a mi mejilla, acariciándola... Su piel era fuego y la mía estaba como un tempano de hielo- - Claro, y yo soy la hija del conde de Cambridge - dije volteando los ojos- - Pues casi, porque eres mi princesa- dijo sonriendo, yo solté una carcajada- - Estás muy conversador- dije mirándole - vamos, te ayudaré a acostarte- dije tomando su mano para guiarle, pero el me detuvo y me atrajo hacia él, cuidadosamente- - Quiero que duermas conmigo está noche- dijo mirándome fijamente, yo negué - - Adrián... - empecé, pero el me interrumpió con un pequeño beso en los labios- por favor, mi amor... Necesito tenerte cerca de mí - dijo cerrando los ojos mientras juntaba nuestras frentes- esta distancia me está matando, Carolina- dijo con tristeza - no puedo soportar la idea de tenerte tan cerca y tan lejos a la vez- dijo besando nuevamente mis labios, pero esta vez, fue un beso un poco más largo- Por favor, solo vamos a dormir... Solo necesito tenerlos cerca- dijo suplicando, yo suspiré - - Está bien, Adrián... No puedo negarte la posibilidad de que estés con nuestro hijo- dije mirándole - - No quiero nuestra cercanía solo por nuestro hijo, Caro... También te quiero cerca a ti, porque eres mi esposa, mi amada y adorada esposa... No tienes idea de cuánto te extraño- dijo abrazándome, yo le devolví el gesto- Después de acostarnos, nos quedamos profundamente dormidos. Al día siguiente, me levanté temprano para prepararme para el trabajo y preparar los documentos para la visita de control. Ya falta menos de una semana para que se cumpla la fecha de parto. Al bañarme y alistarme, bajo a la cocina porque mi pequeño, ya exigía comida así que fui por ello. Al llegar, me encuentro a Adrián vestido con su uniforme militar y desayunando. - Hola- dije llegando a la mesa, el me respondió el saludo- - Buenos días, Caro- dijo mirándome fijamente- - Hoy es la cita con el especialista- dije recordándole, el asintió sin dejar de verme- ¿Pasa algo?- pregunté mirándole - - Lo de ayer... - carraspeó y yo aproveché para interrumpirle- - Fue un error, lo sé - dije tranquila. Pude ver el enojo en su rostro, estaba muy enojado por lo que yo acababa de decir - - ¿Por qué siempre piensas que todo lo nuestro es un error, Carolina?- preguntó enfadado y dejando de comer, yo le miré - - Es que ayer... - dije apenada por adelantarme a los hechos- - Ayer, si... Estaba tomado, pero no me arrepiento de ninguna palabra - dijo serio- recuerdo perfectamente todo lo que pasó ayer y no es mentira, Carolina... Me duele esta situación, me duele tu rechazo, me duele que sientas remordimiento cuando te beso, me duele que a pesar de amarnos, no podamos estar juntos, juntos como deberíamos estarlo... Eres mi mujer, mi esposa y la madre de mi hijo... Aún así, no puedo tenerlos sino a tiempo parcial y por ratos - me miró serio - ¿Es acaso eso vida? porque realmente es una tortura- dijo levantándose, mirándome por última vez y saliendo de la casa totalmente enojado, yo suspiré - - Tampoco me gusta esta situación, Adrián... Quiero estar contigo sin restricciones, sin que nos persigan, sin la sombra de un pasado- dije para mí misma y derramando algunas lágrimas de tristeza-
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