El Alacrán

1191 Words
Estaba aterrada, mis manos dolían y mi rostro se asemejaba a un mar. Había permanecido encerrada y esposada en una cama durante toda una noche. El terror me invadía porque no tenía la mínima idea de lo que deseaban aquellos sujetos. Tal vez deseaban venderme o prostituirme, vender mis órganos, lo que sea que desean yo no lo sabia. Centraba mi vista en la habitación y debía reconocer que se veía muy lujosa. Era mucho mejor que el cuarto en el cual dormía todas las noches más que una habitación dormía en una especie de bodega apartado en la mansión. De repente, escuché el sonido de la puerta y una figura entro en el cuarto. No sabía si era uno de los hombres que me había secuestrado o alguien diferente. Era un hombre alto, cabello oscuro como la noche y ojos tono verde, me atemorizaba la manera en la que me miraba, nunca nadie me había mirando tan fríamente. Algo en él me resultaba familiar y no sabía que era. Se acercaba con pasos lentos hacia mí y me percate del desagrado en su manera de mirarme. —¿Tú no eres Ámbar?— Inquiere en un tono serio y únicamente me atrevi a negar con la cabeza.. En ese momento el grito con fuerza y uno de sus hombres entro en la habitación. Debido a su tatuaje lo reconocí como uno de sus captores. —¡Eres un idiota está mocosa no es Ámbar Achagarray!— Exclamo molesto y pude percibir cómo el hombre temblaba —Yo lo siento, ella estaba en el carro y.... Él no pudo terminar la oración porque el hombre le disparo en la cabeza dejándolo sin vida. Lance un solllozo desgarrador y grite con todas mis fuerzas, nunca había presenciado una muerte en mi vida y posiblemente la próxima sería yo. —¡Por favor no me mate!— Le suplique sollozando —No vales siquiera el desperdicio de una bala, escuincla.— Fórmula y se centra en otro de sus hombres cuando esté entra — Desanganse del cuerpo y no quiero más errores. —Si Alacrán — Asiente uno de ellos "Alacrán" Esa fue la primera vez que escuché su nombre. Luego de asesinar a su empleado, él simplemente se marcho y me pasaron a una habitación mucho más pequeña. Lo bueno es que habían quitado las esposas y pude descansar las manos. *** Transcurrieron varias horas en las cuales reflexione sobre lo que me había ocurrido. Yo estaba saliendo de la mansión en el carro de la familia Achagarray y según las palabras que habían formulado aquellos hombres podía deducir que me habían confundido con Ámbar. Solamente tenía dos opciones, me matarían o me dejarían ir. Unas horas atrás me sentía devastada y después de lo sucedido lo único que deseaba era continuar con vida. Eran increíbles la vueltas que daba el destino. Antes hubiera sido capaz de suicidarme y ahora el instinto de supervivencia se había activado en mí. Lo único que tenía era mi vida y lucharía hasta las últimas consecuencias por ella. Esos infelices no me arrebatarían la vida, al menos lucharía hasta mi último suspiro por respirar. Si moriría sería bajo mis propios términos. No había probado bocado ni bebido nada durante horas. Solamente me dedicaba a gritar y suplicar ayuda. La empleada que me llevaba los alimentos se negó a ayudarme porque se encontraba aterrorizada y los hombres que custodiaban la puerta me habían ofrecido liberarme si me acostaba con ellos. Eran repugnantes. No era ninguna ingenua y sabía que ellos mentían y luego de usarme me pegarían un tiro. Nadie podría salvarme de esa situación, estaba completamente perdida. De hecho habían intentado entrar a la habitación, pero al parecer el tal Alacrán era el único que tenía la llave. Cuando nuevamente se abrió la puerta yo sabía que se trataba de él. Instintivamente retrocedí unos pasos cuando él entro en el cuarto. Él reía fuerte como hace unos minutos atrás cuando había asesinado a aquel hombre, me inspiraba terror y asco. —Aurora Murat — Pronuncia mi nombre dibujando una sonrisa en su rostro Temblaba al escuchar mi nombre de sus labios. No comprendia como podía saber quién era yo en cuestión de minutos. — Eres la protegida de Eugenio Achagarray. Estoy seguro que aquel infeliz pagaría mucho dinero por ti. Él me miro de forma extraña cuando reí fuerte. Supongo que en ese momento pensó que estaba sufriendo de un ataque de ansiedad, pero la realidad era que ese hombre no pagaría ningún peso por mí. Estaba completamente muerta. —Ese hombre me odia, señor — Le hice saber — Nunca pagará por mí, pero si me deja ir yo podría ayudarlo a atrapar a Ámbar Él me miro de forma muy extraña, era evidente su sorpresa. Por supuesto que no pensaba sacrificar mi vida por Ámbar. Era buena persona, pero no estúpida ni sacrificada nunca arriesgaría mi vida por una persona que me humillaba constantemente. —¡Vaya, el pequeño ratoncito mostró sus afilados dientes!— Ríe burlón —Sinceramente, no me interesa porque deseaba secuestrar a esa mocosa chillona ni que es lo que desea hacer con ella... Lo único que me interesa es mi vida. Durante años esa familia me ha humillado y maltratado no me interesa lo que les ocurra. — Si Eugenio no paga tu rescate me deberé cobrar de otra forma... Retrocedia aún más cuando él se acercaba a mí como un depredador que acorrala a su presa. No pude mantener mi equilibrio y caí en la cama. —¿Eres virgen?— Me pregunta mientras ejerce presión en mis mejillas —No le interesa, maldito cerdo — Le grite mientras lo intente empujar, pero él es demasiado fuerte.. Me lanzó a la cama y sostuvo mis muñecas con fuerza. Podría romperme en mil pedazos si lo deseara. Las lagrimas rodaron sobre mis mejillas porque nunca en la vida me había imaginado que podría ocurrirme algo así. Ser secuestrada y violada por un asesino, soñaba casarme con Ian y tener mi primera vez con él. No me contuve y escupí su mejilla, en ese momento podía ver la furia en su mirada y él me abofeteo tumbandome nuevamente a la cama. No me dolio demasiado el golpe, pero no quería provocar que me golpeará aún más. —Necesitas aprender modales, mocosa.— Él llevo su mano a mi cuello y ejerció fuerza en él — La última persona que toco al alacrán está tres metros bajo tierra. Nunca más lo vuelvas a intentar o te destrozare.— Me advierte — Tienes suerte que estoy de buen humor y deseo recuperar mi dinero. A partir de hoy tendrás un nuevo hogar. No respondí nada y simplemente rodaron las lágrimas sobre mis mejillas. —Si intentas huir o desobedeces, te acabaré. No comprendí a qué se refería con nuevo hogar, pero pronto lo descubrí. Esa noche me durmieron viajamos varías horas. Al despertar no había rastros del Alacrán me encontraba en un bar que servía como fallada para un prostíbulo. Ese sería mi hogar por mucho tiempo. Él me había vendido allí.
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