Cinco años después
Durante los últimos años había permanecido recluida en el prostíbulo presenciando los maltratos y humillaciones hacia las mujeres.
Era horrible ese lugar y no negaré que había intentado huir más de una vez, pero mis esfuerzos habían sido inútiles. Había mucha seguridad en el lugar debido a que pertenecia a uno de los narcos más poderosos de la zona.
No sabía quién era el dueño, pero le debia mucho porque habían rumores de que él había ordenado que no me tocarán ni me obligarán a atender a los clientes o acostarme con ellos. Mi único deber era atender las mesas y bailar cuando era preciso. La identidad del dueño del bar era un misterio para mí, todos tenían prohibido revelarme esa información.
Al transcurrir los años mi cuerpo había cambiado. Ya tenía la apariencia de una mujer. Mis senos se habían formado y mis curvas tomaron forma. Sin embargo, por dentro seguía siendo una niña rota y vacía.
Extrañaba muchísimo a Ian y me preguntaba que será de su vida. Tal vez ya se había casado con Elena y debía tener hijos. A veces lo veía en las noticias debido a que él estaba siguiendo los pasos de su padre en la política.
Él me había buscado durante mucho tiempo incluso salio en los medios, pero termino por rendirse porque no logro encontrarme. El Alacrán supo cuidar muy bien sus pasos.
De ese hombre no había sabido nada durante los últimos años. Se mencionaba mucho su nombre en el bar debido a que había escalado con rapidez en la organización y se habia convertido en el número dos del país, el segundo narco más famoso, no sabía cual era primero.
Había escuchado demasiadas historias y ya no sabía que creer.
— Aurora — Madeline pronuncio mi nombre sacándome de mis pensamientos
Ella era la única amiga que había tenido. Las demás mujeres me envidiaban debido a que me consideraban privilegiada comparadas a ellas.
—Feliz cumpleaños, Aurora.— Depósito un beso en mi mejilla
—Lo había olvidado
Ella sonrió y me entrego un paquete — Sé que no es muy valioso, pero te lo entrego con mucho amor
—Muchas gracias, Madeline.— Le regale una sonrisa mientras lo abrí y descubrí que se trataba de una pulsera.
Tome la pulsera en tono dorado y la coloque alrededor de mi muñeca.
—No es nada, muchas felicidades. La jefa quiere que bailes esta noche.— Me informa
Las horas transcurrían con lentitud. Nunca me había imaginado que para mi cumpleaños número veintiún estuviera bailando en un bar prácticamente desnuda. Me avergonzaba de mí misma, pero no tenía opción. Si no obedecia me matarían y mi vida era lo único que tenía.
No tenía familia, ni amor, ni nadie por quien vivir. Únicamente los deseos de venganza me mantenían con vida. Solo deseaba ver al Alacrán a quien consideraba el causante de mi desgracia. Durante los últimos años había anhelado que regresará por mí para matarlo con mis propias manos.
Esa noche lucía un top en tono n***o y de cuero con un pequeño short de la misma tela. Luego de que me anunciaran subí al escenario y me dedique a bailar moviendo mis caderas en movimientos sensuales, Maddy me había enseñado personalmente y lo hacía muy bien.
En pocas ocasiones centraba mi vista en el público quién aplaudía y me gritaba obscenidades. Varios hombres habían intentado comprarme porque la única forma de que una prostituta sea liberada del bar era que un hombre la comprara. Sin embargo, yo no estaba a la venta, era propiedad del Alacrán.
Vanesa, la mujer que nos explotaba, repetía en cada ocasión que yo era propiedad del Alacrán y generaba buenas ganancias por ello nadie podía tocarme. No comprendía que era lo que ese sujeto deseaba de mí, pero muy pronto lo entendería.
Quedé anonadada cuando al girar me percate de que alguien estaba observando mi baile, era él. El hombre que deseaba ver y a quién anhelaba asesinar, centraba sus ojos verdes en mí como si se trataran de espadas. Me miraba con la misma frialdad de hace cinco años; sin embargo, en esta ocasión escaneaba mi cuerpo de arriba a abajo.
Se veía mucho más grande que la última vez. Vestía de manera elegante con un traje en tono n***o y corbata blanca, su cabello estaba húmedo y más corto que la última vez, no estaban a la vista los tatuajes. Si no lo conociera podría pasar por un hombre elegante y distinguido, pero no era más que un vil asesino y proxeneta.
Luego de media hora debí bajar del escenario y me dirigí rumbo hacía mi camerino; sin embargo, alguien me detuvo del brazo. Era el mismo ebrio de siempre que me acosaba, varios hombres no aceptan un no como respuesta.
Él me arrastro hacia uno de los baños y se encerró conmigo allí mientras dos de sus escoltas custodiaban la entrada.
— ¡Sueltame!— Grité cuando él me acorralo contra el lavabo. Intentaba liberarme, pero él era mucho más fuerte que yo. Su solo aroma me provocaba repulsión.
—¡Cállate, perra!— Espeta mientras me empuja contra el espejo él rompe mi top explote mis pechos para luego intentar bajar mi short.
Grite con fuerza sabiendo que seria inútil porque nadie me escucharia debido a la música. Estaba pérdida ese infeliz abusaria de mí.
Las lágrimas resbalan sobre mis mejillas cuando sentí el tacto de su asqueroso m*****o en mis nalgas.
De repente escuche impactos de balas cerca de la puerta en ese momento se abrió la puerta y un hombre empujo a el sujeto al suelo.
—¡Que haces, Alacrán, tenemos negocios juntos!— Le grita el hombre cuando él le apunto en la cabeza
—Nuestros negocios se acabaron. Nadie se mete con lo que es mio — Sin ningún tipo de emoción él le disparo en la cabeza quitándole la vida
Estaba en shock, era la segunda vez que presenciaba una muerte en mi vida. No entendía las palabras de aquel hombre "Nadie se mete con lo que es mío". Tal vez aquel hombre le había robado mercancía o parte del territorio.
Cubrí mis pechos con las manos al percatarme de que me estaba mirando.
—Alistate— Me ordena mientras me lanza su saco al suelo supongo para que lo recoja.
Es un idiota ¿Acaso no podría dármelo en la mano?.
—No quise interrumpir— Expresa Vanesa al entrar al baño, ella está obsesionada con él desde hace años y sueña con que la voltee a ver. — Prepare unas chicas hermosas para ti o si lo deseas yo personalmente puedo atenderte.
—Prepara a Aurora, se irá conmigo.— Le anuncia y ella me lanza una mirada asesina
No proteste porque por supuesto deseaba irme con él para asesinarlo. Al escuchar sus palabras había guardado un vidrio entre mis pertenencias.