Dos días era el tiempo que había estado en la casa de Trude. Le agradecía inmensamente todo lo que había hecho por mí en aquel tiempo. Literalmente, cuidó de mí cuando no podía hacerlo yo misma. Me sentía agotada emocionalmente y ella esperaba con paciencia que, en algún momento, yo le dijera qué fue lo que me ocurrió en Vantellier. Pero yo sabía que eso era imposible. Jamás encontraría las palabras para describir algo tan atroz. No sería capaz de hablar sobre algo que, en realidad, deseaba con todas mis fuerzas arrancar de mi mente. «Porque eso era lo que quería: Olvidar. Olvidar que una mañana entré al dormitorio de mi abuela y encontré el documento de propiedad del castillo, olvidar que fui a Vantellier decidida a recuperarlo, olvidar que conocí a los Landvik... Y olvidar que la noche

