Mi corazón latía como un poseso, amenazando con estallar dentro de mi pecho en cualquier instante. Sentía mis pulmones arder en cada uno de mis intentos por llevar el oxígeno a ellos, mientras que en mi sangre hervía el temor que se ceñía a mi cuerpo. Corrí con todas mis fuerzas, dejando la arboleda atrás, con el cielo cayéndose sobre mí, rugiendo y sacudiendo la tierra cada vez que uno de los rayos la tocaba. Llovía a cántaros esa noche, en el cielo y en mis ojos. Sentía que la tormenta que se desprendía de las nubes, también se libraba dentro de mi cabeza. Mientras corría, mientras huía, no podía parar de pensar en todo lo que acababa de suceder; en la forma tan atroz en la que Ingrid fue asesinada, el cómo todos ellos tomaron esos aspectos crueles e inhumanos… La última mirada que com

