Punto de vista HELENA Golpeó dos veces la puerta antes de entrar. Gaspar no levantó la vista de los papeles. Solo dijo, seco: —Adelante. El despacho seguía igual que siempre: pulcro, ordenado, con ese aroma a madera y café fuerte que parecía tan propio de él. Helena respiró hondo, sujetando la carpeta contra el pecho. —Vengo a revisar las proyecciones del nuevo acuerdo con Doménech Capital —dijo, con tono profesional—. Quiero asegurarme de que no haya margen para errores. Eso sí le hizo alzar la cabeza. Gaspar la observó en silencio unos segundos, evaluándola como si buscara grietas en su seguridad. —No esperaba que vinieras tú —dijo al fin—. Pensé que mandarías a Lautaro. —Es mi proyecto —replicó ella, sin vacilar—. No delego lo que me importa. La frase lo tocó más de lo que debe

