Punto de vista ISADORA El reloj del salón marcaba los minutos con un tic-tac insoportable. Yo no tenía tiempo para perderlo, y mucho menos para ver cómo Iván se revolcaba en excusas baratas. —¿Sigues casado? —pregunté, sin rodeos, apenas lo tuve frente a mí. Él se acomodó en el sillón, forzando una sonrisa. —El proceso de divorcio no es tan sencillo como tú crees, Isadora. Hay trámites, abogados… Levanté la mano para cortarlo. —No me interesan tus explicaciones. Me interesan los resultados. Cada día que sigues atado legalmente a esa mujer, tu credibilidad cae en picado. ¿De verdad piensas que los accionistas van a ver en ti a un “hombre de familia” cuando ni siquiera puedes resolver tu vida personal? Vi cómo su mandíbula se tensaba, herido en el orgullo. Bien. Eso era lo que buscaba

