Punto de vista ALICIA Alicia ajustó el broche plateado de su vestido, respiró profundo y permitió que el espejo le devolviera la imagen que necesitaba proyectar: impecable, imperturbable, necesaria. El evento era uno de esos donde los poderosos pretendían ser accesibles y los ricos fingían ser humildes. Pero esa noche había algo distinto: el edificio entero parecía inclinarse hacia un punto exacto del salón. Hacia ellos. Se colocó la chaqueta sobre los hombros con un gesto medido, nada ostentoso. Y cuando abrió la puerta… Lautaro estaba allí. Traje oscuro. Corbata perfectamente anudada. Manos en los bolsillos. Mirada que parecía atravesarlo todo. —Llegas justo a tiempo —dijo él, como si hubiese estado esperándola desde siempre. Ella alzó la barbilla. —No suelo llegar tarde.

