Capitulo 1. El día de la boda.
Narrado por Adam Scott.
Este sería el acto protocolar más intenso que he pasado en mi vida…
¡SE CASA MI PEQUEÑA MÉRIDA!
Ustedes dirán, pero si ya has entregado a dos de tus hijas y a varias hijas postizas en el camino, pues claro que así era y no desmerezco a ninguna de mis hijas. Todas y cada una de ellas eran mis princesas más preciadas, pero Mel, mi Mel era especial.
Fue la pequeña que me recibió en ese paraíso en el que estuve cuando casi morí, la que me advirtió de los problemas que enfrentaríamos como familia y la que me dijo por primera vez “te amo Papi”.
Puede que todo eso fuera un sueño en medio de mi estado de coma, pero la conexión con Mel hacia el lado de los Scott y sobre todo conmigo es a niveles exponenciales. Puede parecerse mucho físicamente a su madre y hermanas, pero en el carácter era cien por ciento toda una Scott.
Es por este mismo motivo que siento que algo le pasa a mi niña, desde hace unos días que la noto extraña, como si algo le hubiese pasado, no es mi princesa valiente…
Me dirijo a la habitación donde están las mujeres de la familia, hoy era el gran día. Nuestra penúltima hija daría el sí después de un año de noviazgo con un buen muchacho. Dereck Forrest, abogado igual que nosotros y de una de las estirpes más importantes de Boston. El muchacho se había ganado el premio mayor, llevar al altar a nuestra escurridiza hija, qué a sus veintitrés años, era lo más parecida al Grinch del cuento, de verdad que era así.
MI Mel muy pocas veces sonreía, se la pasaba refunfuñando por cualquier cosa y vivía por y para sus clientes, así fue que en mitad de su carrera entró a Forrest y asociados, el estudio jurídico del padre de Dereck. Comenzó desde abajo, como cualquier pasante, de hecho, se hizo pasar por Melanie Soré, la muy pilluela, pues escondió su apellido en la universidad para que no la privilegiara al conocer de la estirpe que venía y se hizo conocida por ser la mejor de su generación y la abogada pro bono con mejores tasas de resultado, ¡Cómo no sentirme orgulloso de mi princesa valiente! Los nervios me carcome y camino hasta la habitación donde se encuentra ella con el séquito de mujeres de la familia, mi hermosa familia.
Golpeo la puerta y escucho los gritos de su madre, mi amada Blue y de las chicas, creo que dentro de esa habitación hay un caos a nivel dios.
—¡Papá! Nos asustaste—dice mi hermosa Alma tocando su pecho de forma dramática y yo sonrío, jamás va a cambiar.
—Hija, ya es hora—digo intentando ver hacia adentro, pero ella no me deja.
—Nos faltan unos minutos, papá —Grita Val, desde la esquina y veo como Sophia viene hacia mis brazos.
—Abue, es que a Mel el vestido le queda apretado y la Abue Blue intenta atarlo con ella tirada de panza en la cama.
—¡Sofi!—la regaña mi esposa y veo que es cierto que ella, Vannah y mi Mel están tiradas en la cama.
—¿Necesitan ayuda? Algo en que un macho recio, alfa, lomo plateado les pueda ayudar—ese es mi Thomas que viene, junto a Ethan, Elliot y Enzo, los cuatro al igual que yo vestidos de impoluto n***o para la ocasión.
—Odioso, no los necesitamos, por ahora.
—Enana, no seas así, necesitamos hacer nuestro ritual—Se queja mi hijo y con Enzo lo miramos desconcertados.
—¿Trajiste lo que te pedimos, baboso?
—Obvio, enana. Lo entendí claramente cuando me lo pediste — me río internamente de ellos, jamás cambiarán y espero que no lo hagan.
—Pues pasen qué más da.
Mi hija nos mira con cara de pocos amigos y abre la puerta de par en par.
Los cinco entramos a la habitación y me rio al ver el tremendo cortejo que tendrá mi hija, Hanny mi pequeña nieta de corazón será su madrina, Alma, Val, Danna, Vannah, Clara, Rocío, Dani, Daria, Regina, Gio, Shannon y hasta París son parte del séquito de damas de honor.
Mi hermosa Val se ve radiante con las gemelas, mientras arregla sus vestidos y Sophia ya es toda una señorita, ella junto a Brianna y Louise serán las que toquen la marcha nupcial, pues nuestro querido Cameron no alcanzó a llegar a la celebración algo que tiene a la mitad de la familia molesta con él, pero yo lo entiendo. A Cameron jamás le ha gustado Dereck y para peor estaba en una misión de encubierto en Europa desde hace unas semanas.
Con eso notarán que no solo fue necesario un avión para trasladar a la tropa, tuvimos que recurrir al de James y aun así casi quedamos cortos.
—¿No has sabido nada del incordio de mi hermano? — pregunta Elliot y yo niego con la cabeza—. Idiota.
Y vuelve a su teléfono, como si nada le molestara.
—Listo— dice mi cielo y se levantan las tres de la cama para dejarnos a los varones presentes sin aliento.
Mi pequeña, mi no tan dulce, pero hermosa hija se pone de pie frente a nosotros y siento que las lágrimas van a empezar a escurrir por mis ojos. Su vestido blanco como su piel la hace ver como una verdadera princesa, su rebelde cabello cae en ondas sobre sus hombros y su sutil maquillaje le da un aura angelical.
—Te ves… hermosa mi princesa valiente.
—Gracias, papá — lo dice, casi por cumplido, en sus ojos no veo el brillo de una novia lista para dar el sí al amor de su vida y creo que Blue también lo ha notado, pues la mira un tanto extrañada. No había conversado con ella mis inquietudes, pero ella era más sensible que yo y si con solo verla yo lo había notado, estoy seguro que Blue también sospecha algo.
—Pues, hermanos Scott, vengan aquí —los llama Alma y sus hermanos se acercan a mi pequeña.
—Como es tradición, debes llevar tres cositas — dice Ethan solemne tomándola por los hombros y colocándose detrás de ella.
—Algo viejo — dice Val, colocándole una peineta de estrellas en el cabello.
—Algo nuevo — Thomas saca de su bolsillo una cajita de Tiffany’s y al abrirla toma una hermosa gargantilla con una lágrima que coloca en su cuello y Ethan abrocha.
—Y algo azul — mi Alma termina el ritual con una humilde pulsera de cuentas que había visto el día de su boda tanto como en la de Val y en la de Hanny.
Los hermanos se abrazan y aunque sé que la ausencia de Cameron es un tanto incómoda todos lo entienden, pues es su trabajo, pero juro que me va a escuchar cuando lo tenga frente a mí.
—Ahora, si estamos listos.
Todos sonríen y besan a mi preciosa hija y luego salen con los niños y mi hermosa esposa se acerca a mi para besar mis labios, pero luego sus palabras me preocupan más de lo que ya estaba.
—Habla con ella, algo le pasa.
—Estoy lista, papá — me dice mi preciosa hija, tomando el ramo de rosas blancas. Acaricio la mejilla de mi cielo y asiento tratando de darle tranquilidad, dejo que pase por la puerta y la cierro con llave — ¿Qué? ¿Qué haces papá?
—Solo quiero hacerte una pregunta, hija y luego te dejo salir ¿Estás segura de que quieres hacer esto, Melanie Scott?