Capitulo 20

1167 Words
Conversación con el Hermano de mi Grinch y mi mejor amigo Adrien Después del incidente con Tyler, la reafirmación pública de Mel me dejó en un estado de euforia… calmada. La seguridad jurídica de nuestra relación se había fortalecido, pero eso no impedía que necesitara una consulta externa” sobre el código Soré. Esa noche, me conecté a una video llamada con Cam, el hermano mellizo de Mel, que estaba en Nueva York por vacaciones y, para mi terror, era mi mejor amigo. Cam y yo habíamos nos conocimos cuando apenas y empezábamos la escuela, luego nos hicimos los mejores amigos jugado hockey juntos desde los diez años y éramos inseparables, a pesar de que él había optado por irse a España perfeccionar como un agente y yo me hubiera dedicado al Derecho de Gobierno solo por estar cerca de su melliza. La pantalla se encendió mostrando el rostro sarcástico de Cam. Llevaba una camiseta del Real Madrid y parecía estar bebiendo algo fuerte. Ese pendejo, si apenas era mayor de edad. —Hermano. Mírate. Estás sentado en una silla, en lugar de estar colgado de un árbol por tu cuello o con el trasero pegado al hielo. Eso significa que la fiera te dejó salir de su jaula de la biblioteca —me saludó, con su tono de burla característico. —Muy graciosito, Cam. Ya sabes cómo es. Estamos en medio de una discusión de la Ley de Evidencia. Pero eso no es por lo que te llamé para discutir. —Si hasta hablan igualito—volvió a carcajear. —¡Cam! —Claro , claro que no señorito de Scott o Soré como te quieras apellidar después de que te cases con ella. Me llamaste para confirmar que Mel todavía te quiere. Porque eres tan inseguro como ella. Si no fuera por el tarro de mermelada que le diste, pensaría que solo eres su escudo de rumores —dijo, riéndose a carcajadas. —Pendejo. No es un escudo de rumor. Es un acuerdo de exclusividad. Y es serio. Sabes bien lo que siento por tu hermana. —Lo sé. Y por eso me preocupas más que ella. Estás tratando con Melanie Scott Soré. Es la única persona que puede refutar el habeas corpus de su propia mascota. Ups, ahora se me pegó a mí. Me recliné en mi silla, suspirando. Necesitaba contarle. —El problema otro. —¿A ver? Eso es nuevo, cuéntale a papi Cam tu pobre desgracia. —Pendejo. —A mucha Honra. —Está bien, es Tyler Vance. Te conté de él. El lateral del equipo. Es persistente. Hoy intentó invitarla a patinar para “sacarla de los libros” y básicamente insinuó que yo era aburrido y que la estaba anclando. Cam se echó a reír a carcajadas por enésima vez, aún más fuerte, casi derramando su bebida. —¡Oh, Tyler! El guapo y despistado. Mira, hermano, escucha al experto. La ley de Mel es simple: ella no se fija en la cubierta del libro. Ella se fija en las notas a pie de página. Y déjame decirte algo sobre ese Tyler Vance. Su caso es pura forma. No hay sustancia. —Pero él es la antítesis de mí—reclamo exasperado—. O de lo que intentó ser. Es despreocupado, sociable, atlético… Yo soy el tipo que la presiona con la Ley de Evidencia en una cafetería. Cam se puso serio, aunque una sonrisa aún le tocaba los ojos. —Primero, no es lo que intentas ser, eres tú, Pero potenciado por el amor que le tienes a la loca de mi melliza; segundo, Mel necesita ser desafiada. Necesita la lucha. Si no hay lucha, no hay respeto, y si no hay respeto, no hay interés. Tyler es un paseo por el parque, Adrien. Él quiere hacerla sentir ligera. Mel no quiere sentirse ligera, nunca ha sido así. Quiere sentirse digna. Quiere que alguien la vea con todo su arsenal y aun así se quede. Señaló la pantalla con el dedo. —¿ Quién se atrevió a salvarla de esas moles y casi morir en el intento? ¿Quién le robó su primer beso? ¿Quién se decidió por ir a Harvard para estar cerca de ella?¿Quién se atrevió a debatir con ella hasta el agotamiento desde el primer día? ¿Quién no se acobardó con su cara de limón agrio? ¿Quién le dio un beso en medio de una discusión legal? ¿Quién…? —Fui yo, lo sé—respondí, con una punzada de orgullo y vergüenza a la vez. —Exacto. Yo soy su mellizo y sé esto. Te está dando un nivel de acceso que nadie más tiene, salvo yo. Si Tyler sigue intentándolo, no te preocupes. Ella lo derribará. Y lo hará usando su propia terminología. Mel está comprometida. Y cuando mi hermana se compromete con algo, es como una sentencia final. No hay apelación. —Ella lo rechazó usando la Ley de Evidencia hoy. Lo llamó una “moción sin fundamento”. Cam soltó una carcajada de nuevo, esta vez de orgullo. —¡Esa es mi hermana! Míralo como una ventaja estratégica, Adrien. Tienes un contrato de exclusividad, por no decirle noviazgo, que ella misma defiende públicamente. Deja que Tyler haga ruido. Mientras más ruido haga, más tendrá que defenderte ella, y más clara será la evidencia de su compromiso contigo. —Así que, mi estrategia es… ¿confiar en que la rigidez de Mel nos salvará? —Tu estrategia es dejar que Mel sea Mel. No intentes ser Tyler. No intentes ser más “divertido”. Sigue siendo tú, siendo el rival digno. Sigue siendo el argumento que vale la pena debatir. Tienes la única cosa que Tyler no tiene. Su respeto. Y en el código Soré, como le dices, el respeto es la cláusula habeas corpus de un beso. Sentí una oleada de alivio. La perspectiva de Cam siempre era brutalmente honesta, pero reconfortante. —Gracias, hermano. Me siento mejor. Ahora, sobre mens rea… ¿crees que la negligencia imprudente de primer grado en Nueva York debería recalificarse…? Cam puso los ojos en blanco. —Ahí está. Lo sabía. Te amo, Adrien, pero dame diez minutos para que busque un buen ejemplo en la red antes de debatir sobre la intención criminal. Entiendes que yo tengo que hackear a la suprema corte para entender toda su mierda ¿no? Después de eso conversamos un rato de cómo están las cosas en España, también de su viaje a Nueva York para ver a la familia y que si le daba el tiempo nos vendría a ver. Corté la llamada y las palabras de Cam resonaron… Tienes el respeto de Mel. Mel no necesitaba que la rescataran de Tyler; necesitaba la oportunidad de refutarlo. Mi trabajo no era ser el héroe con un stick en vez de una espada, sino el fundamento legal de su felicidad. Y eso era un trabajo que estaba feliz de asumir.
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