Capitulo 14

1001 Words
Mamá a la defensa de lo indifendible. Narrador Omnisciente —¿Te volviste loco?— susurró Mel en los labios de Adrien sin despegarse de ellos por completo. —No. Mel... Yo... —Sueltame despacio, no quiero que los demás piensen que te voy a dar la zurra de tu vida, Powell. Aunque es lo menos que te mereces por volver a besarme sin mi permiso. —¡¿Qué?! Mel, como si hubiera intuído que todo el salón los estaba observando. Querìa golpearlo y quitarle la cara de triunfo que tenìa, pero no podìa, no ahì. Se soltó despacito, no iba a hacer un escándalo en medio del lugar. Era fuego puro, pero no tonta. Pero Adrien tenìa otra idea. No querìa desaprovechar el momento que se le habìa presentado. Tomó su mano y como si fueran dos amantes, la sacó huyendo del lugar, saliendo de la pista de baile, buscando un rincón donde la música no fuera tan abrumadora. La llevò hasta el balcòn que daba a los jardines. Mel aún estaba aturdida, Adrien con una sonrisa de victoria contenida. —Eso... eso no fue la Enmienda 14ª y lo sabes, Powell—logró articular Mel, aún sintiendo el calor de sus labios y el frìo de la noche calando sus huesos. —No —convino Adrien, con su voz ronca—. Fue el primer acto de un nuevo comienzo entre los dos, Mel. No tenemos que fingir que nos odiamos, Mi querida Grinch. Antes de que ella pudiera responder, un carraspeo la hizo tensarse. Su madre, Blue, se acercaba con Adam a su lado. Ambos con la ceja alzada y esa mirada acusadora que tanto conocìan ambos. —Melanie, querida. Te ves preciosa —dijo su madre, con una sonrisa que llegaba más arriba de sus ojos, mirando a Adrien con curiosidad profesional y un cariño maternal. —Mamá. Papá. ¿Qué hacen aquí? —La voz de Mel era forzada. —El decano nos invitó. Este baile es para una recaudación de fondos de la clínica legal, Mel ¿no lo sabías?—dijo su padre, estrechando la mano de Adrien—. Buen baile, Adrien. Y gracias por cuidar a mi pequeña Mérida. —Gracias, tío—respondió él, cortésmente, pero sin soltar la mano de Mel—. Y para mí es un placer estar para ella. Aunque solo estamos en la clase de derecho constitucional puedo vigilar que no haga nada indebido — Lo mato, pensò Mel —. Mel me estaba ayudando con un argumento para el simulacro de juicio — Dios, ¿podrìa ser mejor actor que su hermana? . Blue miró a Mel, la expresión de su rostro inescrutable. Era casi un duelo entre los cafè casi chocolate y esos ambarinos que tanto le gustaban al castaño. —¿El simulacro de juicio? ¿Ahora? Hija, no puedes pensar solo en el trabajo. Mel se armó de valor, sabiendo que tenía que establecer límites. No quería ser descubierta. Se había esforzado tanto por ser reconocida por ser ella y no hija de esos dos que no quería que recién terminando el semestre se fuera todo a la mierda. —Mamá, papá, gracias por venir, pero necesito que mantengan la distancia. Sé que vienen a hacer contactos para la agencia, pero no soy parte de su red de contactos esta noche. Y sobre todo, necesito que mantengan el secreto sobre quién soy. Blue suspiró, su porte de abogada suavizándose, volviéndose la madre amorosa que siempre ha sido para todos sus hijos. —Mira, mi pequeña Mel. El decano insistió. Nos era imposible negarnos sin causar un revuelo. Pero entiendo tu posición. No diré nada a tus profesores o compañeros sobre nuestro... parentesco. Sé que quieres ganarte esto sola y te respeto. —Gracias, mamá. En serio —Mel, mirando hacia todos lados, abrazó a su madre y le sonrió como su pequeñita Grinch. —Por supuesto. Aunque me intriga tu elección de... compañero de estudio. Adrien, ¿verdad? ¿Es bueno? —preguntó Blue, su mirada ahora era una mezcla de interés materno y examen cruzado con una sonrisa complice. Nunca entendería por qué ese pobre chico terminaría estudiando algo que no le gusta solo por ayudar al mellizo de Mel y mejor amigo para proteger a su hermanita. Pero ahora, por fin, con lo que había visto lo entendía. El pobre estaba enamorado de su pequeña. —La señorita Soré es la única persona que ha logrado que deba estudiar tres veces más. Es implacable en el debate y su lógica es impecable. El mejor desafío que he tenido —respondió Adrien con honestidad, sin soltar la mano de Mel. Mel sintió un escalofrío de algo parecido al orgullo. Sus padres sonrieron, una pequeña chispa de aprobación brillando en sus ojos. —Bien —dijo Adam—. Entonces, te dejamos en buenas manos. Y Mel, por favor, diviértete. No todo en la vida es derecho penal. Blue se acercó a Mel, dándole un abrazo rápido y secreto. —Es un buen chico, Mel. Pero si te rompe el corazón, recuerda que tu padre puede demandarlo por angustia emocional. —¡Mamá! —No he dicho nada. Nos vemos en unas semanas, mis niños. Cuídense y disfruten un poco de la universidad más allá de la biblioteca, como dice Adam.. —Lo haremos, tía. Blue sonrió con picardía y se alejó con Adam. Mel se quedó sola con Adrien, la mano de él seguía alrededor de la suya como si fueran una extensión del otro. La coartada había sido un éxito, pero la realidad era más compleja. —Estuviste increíblemente bien con mis padres. Me has dejado sorprendida. —Soy un buen mentiroso, ¿recuerdas? —dijo Adrien, su sonrisa volviendo a ser pícara—. Pero no mentí sobre lo que pienso de ti, Soré. Él la acercó, y Mel no se resistió. —Y en cuanto a ese nuevo comienzo... ¿dónde seguimos el debate, mi querida Grinch?
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