Nos sentamos en la mesa del comedor, Sarah se sentó a mi lado junto a su padre, me presentó a su hermana menor quién era una representación aún más joven de ella, aunque Elisa se parecía más al padre y Sarah a su madre, era imposible no ver el parecido entre ellas. La señora Fiore me sirvió una buena porción en mi plato, el aroma en el aire era espectacular, y se me abrió el apetito al instante, probé un poco y quedé asombrado. — Bueno, creo que la buena sazón viene de familia. — dije sin mucho cuidado, recordando el desayuno que me había ofrecido Sarah cuando me fue a ver al pent-house en aquel momento desastroso. — ¿Cómo así? ¿Ya probó la comida de mi hija? — me cuestionó el señor Fiore, yo no sabía que contestar. — Amm sí papá, en un convivio en el trabajo, hice unas

