El lunes en la mañana es terrible. Una maldita noche, ¡una! y ya no podía dormir sola. La cama se sentía vacía. Que idiota soy. El domingo después de que Darren salió de mi casa, no escuché nada de él hasta las once de la noche cuando me escribió un mensaje deseando buenas noches. Por supuesto mi noche no fue nada buena. Estuve toda la tarde del domingo en casa recostada haciendo mis trabajos pendientes y comiendo como cerdo, pensando en cómo se sintió tenerlo a mi lado toda la noche, lo cual me hizo casi imposible dormir. Patética. Esta mañana me desperté de un humor de perros, por culpa de Darren y mi estúpida obsesión con él en mi cama. —Vamos pulgosa levántate, tenemos clase, ¿recuerdas? —Lo sé. Ya voy Tay. Me cambio a lo primero que encuentro en mi armario. Unos jeans d

