El martes fue mortalmente tranquilo, es decir, esperaba más acosadores o alguna mierda parecida. Pero no, es increíble que la noticia sea desechada tan pronto… eso es raro. Asistí a las clases de la mañana sin ningún percance. Ni siquiera vi a la perra de las perras y sus perritas. Ningún mensaje o insinuación… nada, cero, negativo, inexistente. Voy a mi turno de la tarde en Domino’s, donde Cipriano y Tay actuaron como una vieja pareja de melosos. Estuve a punto de vomitar dos veces por tanta dulzura entre ellos. Cecci y Fabio nuevamente están felices de ver a su hijo con Tay, Marco, sin embargo, luce triste. Desde que llegó hace unas horas de clase, está cabizbajo. —¿Qué pasa, hermoso? —pregunto recostándome junto a él en la barra. —Hola Bella. —Me sonríe tímidamente. Marco es un chi

