Mi alarma me despierta cerca de las seis de la mañana. Hoy, mi primera clase es temprano, debido a que la profesora Gonzales se toma muy en serio el dicho de “Al que madruga Dios lo ayuda”. Intento levantarme, pero estoy anclada a la cama por una fuerte mano en mi cintura. Oh Dios ¿En serio? Tiene que tener su erección mañanera otra vez en mi culo. Pronto tendré una marca de registro en el trasero. —Darren, debo levantarme. —Es muy temprano, vuelve a dormir conejita. —Se recuesto más en mí, frota su nariz por mi cuello causándome piel de gallina y excitándome hasta la mierda... ¿O es medula? Lo que sea, estoy excitada. —Maldita sea... —jadeo cuando sus caderas se aprietan contra mi trasero, Lo siento reír entre dientes—. Idiota. Levántate ahora. —No quiero, tengo clase hasta las nu

