Llego a la playa privada donde será la boda y comienzo por buscar a mis mujeres, sin embargo, después de algunos minutos siguen sin aparecer. Cuando estoy por ir al pequeño bar y tomar una bebida alcanzo a ver a Dante en compañía de su suegro y sus padres, en cuanto se queda solo me acerco a él y decido pedirle un favor. —¡Hola Dante! —se da la vuelta y sonríe antes de estrecharme la mano. —¡Hola Dorian! ¿Dónde están Antonella y Esmeray? —Aún no llegan, pero mejor —me mira con la ceja arqueada, por lo que prosigo—: me gustaría pedirte un favor. —Claro. —Bueno, en realidad no a ti, sino Clarisse. ¿Sería posible que cuando llegue el momento de arrojar el ramo…? —me aclaro un poco la garganta y no sé cómo continuar, ante lo cual Dante termina la frase por mí. —¿Quieres que Clarisse se l
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