Antonella, Dante y yo nos quedamos viendo por algunos segundos sin saber quién mandó todo esto, y justo cuando creo que fue mi papá, éste aparece para revisar unos documentos importantes. —Hija, creo que es importante que entre los dos revisemos esto… —guarda silencio y cuando ve todos los regalos, le da una pequeña palmadita a Dante—. Deberías de esperar más tiempo muchacho, aún no sabemos si será niño o niña y puede que mucha de esta ropita la tengan que regalar. —Yo no compre todo esto —musita Dante con la mandíbula rígida. —¿Entonces quién fue? —Pensé que, si no fue Dante, habías sido tú —respondo. —No, he estado pensando en comprarle una casa de campo al bebé. La ropa en cualquier momento la deja. —¡¡Papá!! —¡¿Qué?! Es mi primer nieto y se merece lo mejor —se excusa, encogiéndo

