EN LA TARDE DE ESE día lloré como una niña. Lloré como si no tuviese mamá. Lloré a morir. Me sentía traicionada, dejada, herida, usada. Sentía quizás que ya nada tenía sentido, y a mí me afectaba más, nunca he sido estable emocionalmente, y me dejo llevar por las emociones fuertes muy rápido, y aquel remolino de sentimientos había hecho estragos en mí. Sólo conseguía refugio en esos cigarrillos que había comprado, y aquella música de fondo que estremecía mi ser. Ver su foto me atormentaba, me lastimaba, me daba nostalgia. Era el primer día de aquella ruptura que hirió mi vida, y que seguramente a él le daba igual, porque lo más seguro es que nunca me haya amado. –––––––– * * * * EL DÍA PASÓ EN SOLEDAD, y en tristeza profunda y amarga, quizás sopesadas por los cigarrillos que se consumía

