ENERO EMPEZÓ SU CUENTA atrás, y yo me iría para la Capital alrededor del día 6 o 7. Y aquella cuenta regresiva cuánta angustia me provocaba. ¡Infernal! Pero yo seguía trabajando, al menos, Buenos Aires ya no sería esa ciudad en donde no podía tomarme ni una gaseosa por falta de liquidez. Tenía dinero en mi cuenta y en mis bolsillos, y eso me daba un poco de calma, y apaciguaba mi terrible ansiedad. Cuando partí para Buenos Aires el día seis, en mi mente se reflejaban tantos pensamientos, incluso como el de volver a ver a Sebastián, o el de no poder cumplir mis expectativas. De las dos, me angustiaba más la última porque si yo veía a Sebastián sencillamente lo ignoraría, y haría caso omiso a cualquier voz, mensaje o llamada que dijese “Sebastián quiere volver contigo”. Además, no iba con el

