Quiero Amarte
Hacía frío, el invierno era galopante. En el día, las calles se veían nubladas por los humos que brotaban del cigarrillo de los transeúntes que buscaban en él un poco de calor ante el recio frío que humedecía las calles argentinas. Los abrigos, bufandas, y gorros eran el panorama común entre aquellas calles inmensas y pobladas de personas que asistían a su trabajo, o de los universitarios que con fe asistían a sus clases.
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ME ENCONTRABA CANSADA, renuente, y a veces, deprimida. Las lágrimas se desprendían de mis ojos sin antelación, y mis creencias se veían perturbadas por mis pensamientos. No sabía que era verdad, o que sencillamente era mentira. Pensaba en múltiples cosas, desde cómo aquel señor con ese pequeño abrigo podía arroparse del frío inclemente, hasta cuestionarme qué sentido tenía haberme graduado con honores de aquel reconocido colegio. La verdad es que no tenía nada. Me había ido de mi casa hacía ya varios meses. Lo único que tenía era un trabajo inestable que me mantenía en aquella alejada pensión del centro de Buenos Aires, mi cámara fotográfica, mi laptop, y ese viejo libro de Julio Cortázar que me acompañaba.
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ME HABÍA DECLARADO una navegante empedernida del mundo, y estaba actuando como tal. Había perdido contacto con aquellas viejas relaciones que me mantenían colgada en estados de ira constante, y que me enfrascaba en eternas disputas con mi madre, esa que no comprendía mis aires de libertad, y mi eterno amor por lo desconocido. El recuerdo de Sebastián me castigaba perennemente mientras caminaba. No estaba arrepentida de mi pasado, pero claramente sí comprendía que había cosas que sencillamente pude haber evitado. Pero bueno, eso forma parte del crecimiento y de la maduración personal. Siempre fui la “eterna” promesa de la familia, esa que una vez pisó la Facultad de Medicina, quizás presionada por el bendito estándar de tener que conseguir un título Universitario para ser alguien en la vida. Confieso, aquí, en esta pequeña reseña de mi vida que no aprendí nada, ni siquiera ese desgraciado bendito Ciclo de Krebs que a más de uno perturbó en primer año.
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AHÍ EN LA FACULTAD descubrí muchas cosas, inclusive participé hasta en los Movimientos Estudiantiles, eso que a lo largo de los años han estado envueltos en tantas luchas libertarias, sobre todo en Argentina con Videla quien fue un dictador atroz para su época. En esa Facultad también empecé a conocer quizás lo que sería el verdadero rostro de la vida, drogas, prostitución, corrupción, facilismo, y libertinaje. Personas desde provincias alejadas de la capital, que se acercaban hasta Buenos Aires para cumplir el sueño dorado de ser “Médico”. La ciudad los corrompía. Nunca había sentido ese deseo intenso que penetra en muchas personas de consumar con éxito los estudios universitarios para luego llegar a ser personas de éxito, y de reconocido estatus social. Yo sencillamente amaba viajar, escribir poesía, de vez en cuando literatura, tomar fotografías, y observar los paisajes que eran éxtasis mis ojos, sobre todo cuando aquellas Sierras Andinas se impregnaban de nieve.
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