No todo era un cuento de hadas.

1370 Words
En el hospital. (nacimiento de Lorena) Así los padres se fueron de la habitación, fue entonces que Luisa lloró en su interior decía con tanto dolor que hará lo posible que su hija jamás llore. En unos días le dieron de alta, ya en casa Luisa había decidido una buena oportunidad de su vida, sabía bien que sus padres no se negaría. Luisa, —Papá, ¿Quiero estudiar?— Ramón, —Nosotros te vamos ayudar— Ana, —Pero no te descuides de Lorena, aún es una pequeña bebé— Luisa, —Esta bien, gracias padres— Así Luisa volvió a retomar su vida al lado la bebé de meses, Lorena ya iba creciendo cada mes, y su madre de ella ya estaba estudiando para su futuro. En un día siempre ellos tenía que pensar bien, la bebé está descuidada por Luisa su hija menor, hasta que tomaron la decisión de adoptar a su propia nieta. Ana, —Ramón, seguro te vas enojar— Ramón, —Amor, yo jamás te negare algo— Ana, —Voy adoptar a Lorena para que sea mi hija— Ramón, —(sonrió) Mujer, yo también tomé la decisión de mi nieta sea mi hija— Ana, —Aunque ya estamos envejeciendo aún tenemos esa conexión, ¡Te amo!— Ramón, —¡Y yo a ti, mi dulce flor!— Ambos padres se dieron un beso como siempre y hasta que se vaya lo hicieron con todo su amor. Ya Luisa estudiaba tanto, pero no había cumplido lo que ella había pensado en el hospital, ya todo eso ya no era cierto, lamentablemente paso los meses y ya iba llegar el año que cumplirá Lorena. Lorena ya tenía para cumplir un año y sus primos estaban ahí en su vida ya llegaba uno tras otro y crecieron a su lado. En la casa de los Martínez Es una residencia muy grande, y cada hijo e hija tenia familia y también había un lugar para vivir cada uno. Los hermanos y Luisa tenían su propia habitación con todo incluído. Don Ramón es un buen albañil y doña Ana es enfermera, ambos construyeron esa casa para sus cinco hijos, German, Emma, Vasco, María y Luisa, sus cinco hijos. Ana, —Amor, ¿Qué pasa?— Ramón, —Sabes bien que nuestro hijos tiene sus casas de nuestro terreno— Ana, —Si, amor, ¿Y qué piensas?— Ramón, —Como Lorena será nuestra hija, también debe tener un terreno para ella— Ambos ancianos dijeron lo mismo, no había ni minutos no hora aparte. Ana, —Este terreno pequeño sera para ella, nuestra hija Lorena— Ramón, —Este terreno pequeño sera para ella, nuestra hija Lorena— Ana, —Somos tal para cual, mi viejito— Ramón, —Te amo mi dulce esposa— Siempre fue amor entre los dos, lamentablemente había también consentido a sus hijos a tener todo al alcance. Además cada hijos tenía ya uno a uno sus casas, así lo dividieron para los hijos, hasta Lorena también tuvo su espacio que es de sus abuelos maternos. Un año después de su nacimiento. Luisa no le daban atención a la pequeña, había retomado los estudios para seguir adelante, entonces don Ramón y doña Ana, padres de Luisa. Ellos dos decidieron adoptar a Lorena y ser así su hija, ella una Martinez más, ya lamentablemente los hijos mayores no quería eso. Ana, —Mira ya se durmió, ¡Mi viejito!— Doña Ana paseaba a su nieta de 11 meses de nacida, ya mañana cumple un año de vida, mientras Luisa no estaba en casa. Había llegado Germán enojado por la actitud de sus progenitores, tenia colera dentro de él que quería estallar. Germán, —Madre, ¿Por qué acabas de dar sus apellidos a esta niña?— Ramón, —¿Por qué así ingresa a mi vivienda?, aunque eres mi hijo mayor— Germán, —¡Lo siento papá!, es que me enteré que has reconocido a esa niña— Ana, —Esa niña que dices, ahora es tu última hermana menor— También había ingresado a la casa, Emma, Vasco y María, todos está serio por está decisión que tomaron sus padres. Emma, —Buenas tardes mamá y buenas tardes papá, mi hermano Germán tienen razón— Vasco, —Buenas tardes padres, ella es hija de Luisa, no su responsabilidad— María, —Buenas tardes papá y madre, tienes razón mis hermanos, además no se acuerda que dijeron que tia Estela ya no tiene edad— —Y papá así dijiste, ya son mayores y Lorena es una bebé que va cumplir un año— Germán, —Seguro Luisa estaba con esa decisión que haría ustedes dos para consentirla— Había llegado también Luisa, ella en el fondo sabía que sus hermanos mayores iban actuar así. En total ella no se negó porque al final sus padres son tan caprichosos que no haría caso. Luisa, —¡Deje de pelear, mamá y nuestro padre son tercos!, quiera o no ustedes nunca haga eso, ellos lo hacen— Germán, —¡Luisa, y no te has negado!— Luisa, —¡Por favor, hermano!, ellos decide está es su casa— Ana, —Luisa no quiso, nosotros la amamos más, que su propia madre— Ramón, —Y la decisión ya está tomada, ahora diga a sus parejas que saldremos a pasear— Ana, —Es que Lorena cumplirá un año, y le hemos reservado un pasillo para el cumpleaños de nuestra niña— Emma, —(está molesta) Padre y mamá entiendo que quiera eso, le diré a mi esposo, me retiro— María, —Ahora mismo me iré a vestir—(se va) Vasco, —Igual yo haré papá—(se retira) Ana, —¿Y tú Germán, vienes con tu familia?— Germán, —Esta bien, solo que sigo enojado por esta decisión— Ana, —El día que te has casado, nosotros te dejamos casar siendo aún un joven— Ramón, —Y ya te olvidas lo que haz dicho y todo sigue igual— (Germán) ¡Estos viejos se pasa!, lastima tiene razón Luisa, ellos son ya más tercos, nada es un cuento de hadas para esa niña. Ni yo ni mis hermanos, tiene que tener razón ellos nuestros padres, bueno que haré más, es solo aceptar. Ana, —Di hijo, nosotros le dimos todo, viene o no— Germán, —Si, ahora vuelvo con mi familia— Ramón, —Me alegro escuchar eso, anda— Así hizo que algunos de sus hijos le tuvieran ira y celos a una bebé que ya iba creciendo poco a poco con derechos de hija de los Martínez, fueron sus padres los que le reconocieron. Cada hijo sentía está inquietud en sus corazones, pero lamentablemente ya todo está hecho, Lorena Martinez es hija de sus padres y hermana suya, aunque se niegue ellos. Ya Lorena había cumplido un año de vida, Luisa se había convertido como su hermana de su propia hija. En la sala. Los hijos estaba esperando en la sala de la casa hasta que Luisa también se sentó en las sillas de la casa. Emma, —Vaya ahora somos hermanos de la bastarda— Luisa, —Cuando estamos solos, saca sus uñas y garras— Vasco, —Hermana, me choca todo eso de ti— Germán, —Ni a mis hijos fueron así ellos— María, —Hermana, la culpa es tuya, por no haberla entregado amor— Emma, —Ahora mamá la quiere mas que a nosotros— Vasco, —Exactamente cierto— Luisa, —No es mi culpa, que mamá la haya adoptado como hija— —Tampoco es mi culpa que tus hijos, no lo amen como ella— María, —Oye que fastidio, hasta le dice ella, mejor dile hija— Luisa, —¡No, no!, nunca le diré hija— Emma, —Ya vas a comenzar, que fastidio contigo Luisa— Germán, —Callase ahí viene mamá— En ese instante todos se callaron la boca de tantas acusaciones que hacía a su hermana menor, más que a Luisa le choca que sus hermanos finjan delante de mamá que son ángeles todos.
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