─Señorita… ─anuncia de repente, Alfred. Detengo mis pies, ante su voz, con sobresalto y mi corazón late con fuerza─. ¿Señor Baker? Pensé que se había retirado ─agrega «demonios» maldigo en mi interior. Giro mi rostro, mirando cómo Damián se dirige a la puerta de salida. ─Sí…es que se me había pasado un pequeño detalle, nos vemos…otra vez. Buenas noches, señorita ─menciona Damián, dándome una sonrisa. Este cruza la puerta principal, desapareciendo de mi vista. Para sentir la mirada preocupada de Alfred. ─La noto un poco agitada ¿ocurre algo? ─Inquiere, niego rápidamente con la cabeza. ─No te preocupes, seguramente es por la emoción de las luces de invierno, fue muy hermoso ─expreso, él asiente. ─Mi señor, se está abriendo ante usted…por favor, no le rompa el corazón ─menciona de repe

