─No todo trata de sexo, Jess…me matará si sigo complaciéndonos sin avanzar en los ejercicios que nos ha impuesto para tu fobia ─expreso, entornando mis ojos en los del magnate fogoso. Él cierra el periódico, levantándose para mostrarme su sensualidad con descaro. ─Estoy amando que nos complazcas, eres un tierno corderito pervertido ─menciona, llegando hasta mi cercanía, para posar una mano en mi mejilla. ─Esas dos palabras no podrían estar en una misma oración ─acoto, sintiendo el calor recorrer mi piel ante su imponencia. Él vislumbra mi semblante, arrugando el entrecejo. ─Está bien, dije que pondría de mi parte, lo haré…se acabaron por ahora las dosis de sexo, que quede en tu conciencia, lo mucho que estaré sufriendo ─suelta, dándose la vuelta, para sorprenderme su cambio inesperad

