El señor suelta un resoplido, mientras abre sus fosas nasales con molestia, hincando sus luceros enojados en mí. ─Mi nieto está demente, claro, que se buscaría alguien de su estirpe ─suelta, en un gruñido apretando el bastón en su mano. ─Más demente está usted al no darse cuenta que el señor Rumsfeld es mejor persona que usted y aun así, le da espalda como si fuera un monstruo ─espeto, «no te pongas a la defensiva» pienso, apretando mi mandíbula. Él arruga su entrecejo, sin decir nada más para darme la espalda y alejarse de nuestras vistas. ─No sé quién te crees, al venir aquí y retarnos. Mi Michael, tiene razón, estás demente como Max ─Inquiere Olive, acercándose a mí, para encararme sus ojos oscuros. ─Ustedes me invitaron, y me han enseñado que es de mala educación rechazar una

