─Tienes que evitar pensar en tus…miedos ─gruño, molestándome conmigo mismo. De repente, un golpeteo de la puerta, me sobresalta. Coloco mi espalda erguida, acomodando mi camisa, para abrir la puerta. Me encuentro con el semblante preocupado del viejo Alfred. ─Señor…la señorita Robbers anunció que se quedará aquí, quería escuchar que usted lo diga, así procederé a preparar la habitación para ella, esperando no sea un desacato de su parte ─expresa, resoplo, asintiendo para suavizar mis sienes. ─Sí, ella se quedará. Pero solo por hoy, sé que le tienes aprecio, trátala como siempre, por favor ─menciono, él asiente, alzando una ceja observando mi semblante. ─¿Ha tenido otro episodio? ─Cuestiona, preocupado. Boto el aire de mis pulmones, pasando mi mano por mi cabello. ─No…solo, he recor

