─Solo caminaremos por la casa, solo que lo harás, sin ver…confía en mí ─menciono, alentándole estar tranquilo. Él asiente, moviendo su manzana de Adán. ─Confío en ti, Bella ─afirma, le indico con una seña a Alfred para que comience a grabarnos y darle inicio a nuestros pasos. Admiro su perfil y él aprieta más el agarre de nuestras manos, dándome por sentado que está nervioso. Acaricio sus nudillos con mi pulgar, tratando de calmar esos nervios. ─Lo estás haciendo muy bien ─anuncio, él infla su pecho, esbozando una sonrisa aniñada. ─Esto de caminar con los ojos vendados se me da muy bien ¿Cierto, Alfred? ─Inquiere a su mayordomo. ─Por supuesto, señor, es el mejor haciéndolo ─dice su viejo amigo, con cariño. Alfred me da un guiño, provocándome una sonrisa. Detengo mis pasos justo en

