Súbitamente, toma con sus manos mi trasero, cargándome. Mi vientre choca con su dura erección, sin dejar de besarme con desespero. Nos lleva contra la pared, donde se encuentran los cuadros salidos de un museo en Florencia o quizás las primeras réplicas, él embiste mi espalda contra uno de los cuadros. «La primavera de Botticelli» recuerdo en mi mente, para saber dónde la bestia me follará a su manera. Él alza mi vestido, posando una de sus manos en medio de mis piernas para encontrarse con mi sexo lubricado. Suelta un jadeo, cuando comienza a estimularme. ─Estás tan mojada…corderito ─gruñe en mis labios, provocándome un gemido, haciendo ápice en mi clítoris, empapando su mano con mi excitación. De repente, introduce dos de sus dedos, mi cuerpo tiembla por su embestida. Curvo mi espald

