Isabella Parpadeo, con las mejillas ardiendo aún de excitación, mientras observo el semblante molesto de Max. Quien se levanta de la mesa, ante la noticia de que su abuelo está por cruzar la puerta principal de la mansión; sin previo aviso. Mi corazón late con fuerza, recordando los consejos de la terapeuta Jess «Si me siento segura y bien con él, debería de no tener miedo en entregar mi corazón, la bestia podría abrirse más a mí» pienso, como un mantra, que me ayudó a no sentirme como una zorra que ha entregado su cuerpo a su jefe. Aclaro mi garganta, con las imágenes de anoche y aún la sensación de su m*****o dentro de mí. «Y pensar que hace un instante lo estaba estimulando» pienso, mordiendo mi labio ante lo excitante que ha sido eso. Empujo la silla, levantándome luego de ver su

