Hace una pausa, acelerando más mi corazón. ─No voy a aceptar ─suelto de repente. Él sonríe, jocoso. Arquea una ceja, dando un paso atrás, junto con su mano. ─Pero si solo es responder todo mi correo físico ─manifiesta, llamando mi atención. Él señala la mesa, donde se encuentra una montaña de sobres de diferentes tamaños y colores junto a revistas de diferentes compañías. Separo mis labios, desconcertada «He quedado como una pervertida» pienso, sintiendo a la vergüenza domarme. La bestia lanza su cuerpo al sillón, tomando el libro que me robó para leerlo con una sonrisa. Me mira por encima de él, esperando a que comience con mi “castigo” ─¿Qu-Qué quieres que responda? ─Pregunto, inclinándome al frente de la mesa. Él me alza un cojín, y lo miro con duda unos segundos. Para tomarlo en

