Alexa. Me abrazo los hombros ante la fría brisa del mirador. La ciudad frente a mí se ve tan grande y pequeña a la vez, con miles de luces de colores a la distancia, puedo oler un poco del aroma a cigarro de la gente que está fumando a una corta distancia de nosotros y, de reojo, puedo ver a una chica joven tomando fotografías. Tal vez debería tomar una. —¿Te sientes mejor? —me pregunta Saúl poniendo su chaqueta sobre mis hombros, a lo que solo sacudo mi cabeza. Vomitar apesta. Hace que todo mi cuerpo quede débil, mi boca sepa a bilis y mi garganta esté sumamente irritada. No creo ser capaz de poder sentirme mejor hasta, al menos, mañana por la tarde y lo dudo muchísimo. He tenido una noche particularmente terrible y, en parte, es gracias al tarado que tengo a un costado. —Siento que t
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