Alexa. Saúl se estaciona frente a la casa de Lila, donde hay gente platicando en el patio, otros bailando, otros llamando a un taxi para que los lleve a casa. Miro a mi acompañante, mientras me dedica una sonrisa preocupada. —No estoy muy de acuerdo con esta idea —me dice apretando los labios—, pero si es lo que deseas, tienes todo mi apoyo. —Gracias —respondo y me quito el cinturón de seguridad—. No tardo. —En cuanto halle donde estacionarme, iré contigo. No me siento cómodo dejándote sola —me dice Saúl y bajo del auto de su hermano a lo que éste avanza despreocupado por la calle. Tomo una gran bocanada de aire, estoy lista para enfrentar lo que sea, me repito. Pese a ello, siento débiles las rodillas y náuseas en mi estómago, después de todo, ha sido demasiado lo que he tenido que p

