—Oye, Estrello, viene el jefe, barato, él te va a regañar, te quitará tus colmillos, defecará en tu madriguera; escuche que le deprimió tu fracaso. —Pues yo lo intente, trate de hacer todo lo mejor posible; no es posible que el alfa me entierre por solo eso. El par de hombres-lobo hablaban y gruñían; además de olerse para ver si mentían y el sentimiento que llevasen, estaban en lo profundo del bosque, en una gran cueva. Estrello parecía calmado, pero transpiraba miedo. —Sin duda actué sin pensar; consideré que podía capturar a tal tierna presa y lo hubiese logrado de no ser porque llegó ese héroe chandoso de la nada; espero que encontremos la forma de destruirlos —reflexionaba el gran hombre-lobo. —Tranquilo, es lo único que te queda, la verdad a mí me tiene cardiaco. Tantos lobos que

