—Bien, Mike, ¿en qué íbamos? —En que mientras Luis se preparaba para luchar por ella, otro ya se la luchó. —En ningún momento ha sido mancillada; simplemente tuvo la fortuna de ser salvada por otro caballero que pasaba por allí. Las coincidencias de la vida, pues mira, aunque a veces el destino está trazado, unos pequeños sucesos pueden cambiarlo o unas malas decisiones. —Sí, como las mías, pero cuenta qué sucedió con Luis, ¿acaso tuvo un entrenamiento pesado como en las películas de luchadores? —Desde luego, como si el poder viniese de los músculos, en fin. Luis despertó acostado en una manta en el suelo. De la misma forma como dormía su perro Waterloo, al que adoptó cuando este casi muere en una tormenta, pues era un perro callejero muy arisco porque recibía más golpes que pan, más m

