—Viejo, tú me sigues dando vueltas; ya me tienes la cabeza redonda con tantas dilaciones. —Querido Mike, de pronto no has prestado atención, ya te lo he dicho y no quieres ver la verdad. —No, don Richard, la verdad es que tengo que lavar con pólvora mi enlodado honor. —¿Honor?, pero si no eres un samurái. —Ojalá lo fuera. Y que todos en este país lo fueran, así no hubiese tanto pícaro y corrupto que viven solo por el dinero, sin importar que para conseguirlo tienen que vender a su madre. —Eso es muy profundo viniendo de ti. —¿A qué se refiere, viejo Richard? —Mi querido Mike, es solo lo que he escuchado por ahí. —¿Qué es? Dime, viejo, ya llevamos las suficientes copas de confianza. —Escuche por ahí un susurro del viento, que fuiste el que la traicionó primero con su mejor amiga y

