—Señor Richard, explícame el porqué de tu historia, yo consideré que intentas detenerme. Es algo muy inverosímil, por un lado, me detienes con tus palabras y por otro me ayudas a cargarme con la pólvora de la bebida. En cualquier momento mi juicio será turbado y el ser resultante, aquel residuo que solo está agobiado por el sufrimiento, actuará sin duda; se embestirá a romper el destino; seré más bestia que hombre como los de tus cuentos; me dirigiré al bastión de ese mafioso para reclamar una audiencia con mi amada sin importar si eso conlleva mi muerte. Igual, para qué quiero la vida si ella no está a mi lado. —Mi querido Mike, el licor habla por ti, menos mal te acompaño, no dudo que de estar solo ya estarías ahogado en un charco de sangre y lágrimas; debes de pensar lo mejor para ti,

