El sol brillaba nuevamente en el firmamento. Una dulce voz llamaba el nombre de Ledah. El chico abrió los ojos y pudo ver la sonrisa de su madre.
–Hoy es el día, Ledah. –El rostro de tristeza que Lian mostraba no ayudaba mucho a los ánimos del pequeño–. Debes despertar y alistarte.
El tiempo había transcurrido y Ledah ahora tenía diez años. Los dorados cabellos caían hasta su cuello y los rasgos de su rostro habían madurado un poco. Tanto a él como a su hermano se les habían dado dos días para conseguir un esbirro que les ayudara en el combate.
–De acuerdo, mamá. –Ledah se incorporó mientras seguía ensimismado en sus pensamientos–. ¿Te importaría dejar a Ledah solo un momento? Quiere prepararse mentalmente para lo que pasará en unas horas.
–De acuerdo, mi pequeño tesoro. –Esta se acercó y plantó un beso en la frente de su hijo–. Te deseo lo mejor, hijo mío.
–Gracias, mamá.
Tras salir esta, Ledah tomó su fragmento del Zafiro y durante un largo rato lo miró detenidamente. Habían pasado cinco años desde la noche en que escapó del palacio con su hermano… pero nunca se imaginó que esa noche rompería los lazos con Mike. A partir de ese momento su hermano dejó de ser el mismo con Ledah. Desprecios, burlas y expresiones ofensivas era lo único que le dirigía. Una cosa si estaba clara; Michael haría lo que fuera por conseguir la corona.
Ledah se levantó y, sin dudarlo comenzó a prepararse para la próxima lucha por la corona. No deseaba pelear con su hermano, pero llegados a este punto no había elección alguna. Colocó sobre él la armadura real, la cual era de un azul platinado con el símbolo de la familia real en el centro de la coraza. Tomó además su fragmento del Zafiro Congelado y lo colgó en su cuello, quedando este como un collar. ¿Armas? Durante su entrenamiento, a diferencia de su hermano, pudo dominar el fragmento de la piedra haciendo innecesarias las armas. Se miró al espejo… aún con sus escasos diez años se le exigía una lucha con su propio hermano. No siendo esto suficiente, el combate acabaría con los pocos lazos de hermandad que quedaban. Desde cualquier ángulo parecía repugnante.
Durante un largo período le invadió la idea de abandonar la corona, dejar el puesto a su hermano… pero eso sería renunciar al derecho que como hijo del rey le correspondía. Por lo tanto era una idea absurda. El destino se había marcado de esa forma para él y Mike. Debían afrontarlo. Luego de un momento de preparación mental salió de su habitación, momento en el cual Mike también salía de la suya. Ambos se miraron durante un instante inexpresivamente.
–Te deseo lo mejor…
–No me digas nada. Solo cierra la boca. –Respondió el mayor–. Lo último que necesito es un aliento de parte tuya, idiota.
Sin decir nada más, se alejó. Ledah no respondió, solo esperó que este se perdiera de su alcance. Apretó con fuerza el puño lleno de impotencia, ira y decepción. Jamás supo la razón del cambio, pero supuso que el origen fue el hecho de que Fehila no lo asesinó. Eso lo hacía enfadar. La confianza que tuvo nunca existió. Su buen hermano mayor solo era una fachada para poder matarlo y, al fallar el plan apareció el verdadero Michael Ryder. Con sus solo diez años Ledah había sentido muchas emociones, se consideraba un chico maduro para su edad. Sus pies comenzaron a avanzar en dirección al salón donde se llevaría a cabo el encuentro… pero esta vez en sus ojos había determinación.
***
–Señoras y señores. Duques y duquesas. Condes y condesas… invitados especiales y selectos de nuestros reyes Peter y Lian, a quienes honramos deseando una larga vida. Estamos reunidos en este pequeño salón para llevar a cabo el combate confidencial de los príncipes del reino Frinx: Michael Ryder y Ledah Ryder. –El público aplaudió al ver a los dos príncipes levantarse de su asiento. No era mucho, solo los pocos confidentes de los reyes, quienes sabían que este evento no podía ser público. En el centro de todos estaba la pequeña arena cubierta por una alfombra escarlata. Una enorme lámpara iluminaba el salón–. Como es sabido, las leyes dadas por nuestro dios, Bóreas, dictan que no pueden existir dos herederos a la corona, es por ello que nuestros dos príncipes competirán por el título. El combate concluirá cuando uno de los dos admita su derrota.
–Príncipes, levántense y saluden a los monarcas de Icy. –Ambos se levantaron de sus tronos e hicieron una pronunciada reverencia a los reyes–. Acérquense al centro de la arena. –El público aplaudía al verlos acercarse. Los implicados avanzaban serios mirando solo adelante. Finalmente se posicionaron uno frente al otro–. Saluden a su rival. –Hicieron una reverencia sin siquiera mirarse al rostro–. Desde hace algún tiempo se les dio el juramento. Ahora deben recitarlo.
–Yo, Ledah Ryder –comenzó el pequeño sin esperar nada. Se había girado hacia sus padres–, juro por mi vida que seguiré el mandato de Bóreas, arriesgando mi propia vida con honor por la corona de los Frinx. Además juro que combatiré honradamente y aceptaré los resultados que hoy se produzcan.
Lian no pudo evitar derramar una lágrima al oír a su hijo menor hablar de esta forma mientras recordaba el momento en el cual ella misma había necesitado pronunciar dicho juramento. Sí, ella también había pasado por ese momento tan desgarrador.
Peter sujetó su mano con rostro lleno de preocupación.
Fue el turno de Mike quien pronunció exactamente las mismas palabras que su hermano menor.
–Bien, preparen sus cristales y armas
Finalmente estaba frente a su hermano listo para atacarlo. No… esto no era lo que Ledah deseaba. Quería detener todo, pero sabía que no se podía. Era demasiado tarde.
–Listos…
“Por favor, que alguien detenga esto”.
Era lo único que pasaba por la mente del chico. Aun así el fragmento estaba dentro de su tembloroso puño.
De forma diferente Michael seguía mirándolo con ira en sus ojos, con el mango de su espada sujeta firmemente, lista para ser desenvainada.
–¡Luchen!
–Se acabó, hermanito. –Soltó Mike antes de lanzarse sobre Ledah atacando con la espada.
Con un salto Ledah consiguió eludir el fiero ataque de su hermano. Estaba sorprendido. Mike no dudó ni un segundo antes de darse vuelta y volver a lanzar un segundo corte. Esta vez Ledah hizo uso del zafiro, creando un escudo de hielo. Uno, dos, tres… y así continuaban los ataques llenos de fuerza. Ledah no reaccionaba; era la primera vez que veía a su hermano tan enfadado.
–¿Hasta cuándo esquivarás, hermanito? ¿No reaccionarás? –Michael bufó–. No has dejado de ser débil.
En ese instante Ledah abrió los ojos. No podía seguir así. Por mucho que le doliera, tenía que actuar.
Formó en su mano derecha una lanza de hielo que envolvía su brazo y con esta contraatacó. Mike dio un par de saltos atrás. A los lados del pequeño comenzaron a formarse puntas de hielo.
Mike no esperaba un buen control del Zafiro Congelado por parte de su hermano, pero al parecer tendría las cosas más difíciles de lo que esperaba. Una de las reglas era entrenar a los príncipes por separado para que ninguno conociera los avances de su hermano… y al parecer Mike subestimó a Ledah.