Un par de brazos lo rodearon antes del impacto, disminuyendo el golpe considerablemente. Ambos rodaron en el hielo hasta por fin detenerse. Mike yacía en el suelo. Ledah rápidamente se levantó y fue hacia su hermano llamándolo por su nombre mientras lo zarandeaba.
–Es… estoy bien. –Se incorporó sentándose con una mueca de dolor, momento en el que su hermano lo abrazó fuertemente.
–Pensé que moriríamos. –Dijo al comenzar a llorar.
–Ya, todo está bien. Logramos salir. –Le tranquilizó el mayor palmeando su espalda–. Es hora de presentarte el mundo exterior.
El pequeño asintió limpiándose los ojos y sosteniendo la mano de su hermano… aunque en el fondo no podía evitar pensar en las palabras que había dicho Mike.
***
Los helados vientos soplaban de un lado a otro generando una temperatura cada vez más baja en los cuerpos de ambos chicos. Mike había llegado al punto de sentir frio, mientras que su hermano corría de un lado a otro admirando cada uno de los “hijos de la naturaleza” que aparecían a su alrededor. Gracias a la luz de las lunas de Ashura la noche estaba visible. Mike había escogido como rumbo excursionista la colina del Fénix de Hielo.
–Hermanito, mira esto. –El pequeño no paraba de avanzar lleno de emoción. El brillo en sus ojos era notable
Al cabo de un par de horas el mayor ya estaba cansado. Casi llegaban a lo más alto de la colina caminando y Ledah aún seguía lleno de energía.
–Creo que deberíamos volver. –Mike se frotaba las manos intentando darse calor a sí mismo–. No es correcto llegar a lo más alto de la colina.
–¿Por qué? ¿Qué hay allí? –Sus pequeños ojitos miraban hacia el lugar que su hermano catalogaba como prohibido–. Ledah tiene curiosidad
–Una criatura muy peligrosa. –Sentenció tiritando–. Hay que regresar.
Fue en ese momento cuando el fuerte graznido del fénix retumbó en la montaña. Solo había una explicación para dicho sonido… alguien intentaba hacerlo su esbirro. Si eso era así quería decir que algunos Frinx estaban cerca, lo cual no era bueno. Las dudas de Michael se disiparon cuando los gritos de retirada sonaron cerca. Miró a los lados… no había lugar en el que esconderse. Al fondo se veían un par de siluetas acercarse. Estaba en serios problemas.
–¿Quién anda allí? –Inquirió una voz femenina. Ambos se quedaron estupefactos al sentir fuertes aleteos en su espalda. El primero en dar la vuelta fue Ledah, quien de inmediato dibujó una sonrisa de asombro y admiración en su rostro–. Puedo identificar el rostro del príncipe de los Frinx, pero tú… –La majestuosa ave se posó en el suelo mirando detenidamente al pequeño–. No puedo reconocerte.
–Soy Ledah. Herma…
–Es un primo lejano. –Mike tapó la boca de su hermano pequeño antes de que este siguiera.
–Hermano… –La fénix pareció pensar con detenimiento, atando los cabos del rompecabezas frente a sus ojos–. Así que Peter tuvo un segundo hijo. –Agitando un ala retiró de en medio a Mike–. Dijiste que eras Ledah ¿No es así?
–Sí, lo soy. –El pequeño seguía fascinado–. ¿Eres el fénix de hielo? –Preguntó ignorando completamente que estaba frente a una criatura capaz de asesinarlo con solo pensarlo.
–Así es. Soy Fehila. –Mike miraba mientras se levantaba del suelo. Realmente era poderosa, pero no se veía tan atemorizante como contaba la leyenda–. ¿Qué hace un pequeño príncipe por aquí? Aún no estás en edad para buscar un esbirro.
–Mi hermano ha estado enseñándole a Ledah el mundo exterior. –Dio un par de pasos acercándose al ave–. Ledah sabía que había cosas impresionantes fuera… pero tú eres hermosa.
–Debo entender que has estado encerrado todos estos años dentro del palacio. –El ave sintió gracia al ver como el pequeño se refería a sí mismo en tercera persona.
–Así es. –Respondió el pequeño acercándose aún más al ave–. Papá y mamá le dicen a Ledah que nadie puede saber que existe un segundo príncipe.
–Conozco las leyes. Sin embargo no deja de causarme curiosidad la razón por la que tu hermano escogió traerte aquí. –Fehila llevó su mirada hacia Mike como si le acusara.
–¡Es la colina con más criaturas que admirar! –Respondió el príncipe a la defensiva, ya estaba junto a Ledah–. Quería que viese mucho. No podrá salir más.
–Claro, lo que tú digas. –El ave sonaba incrédula–. Me agradas, Ledah. ¿Te gustaría dar un paseo? –Preguntó mirando al pequeño.
Los ojos del joven Ledah se abrieron ante la idea de dar un paseo montando a la hermosa y poderosa Fénix de hielo.
Para Michael, en cambio, sonaba como una idea pésima. Tomó a su hermano por un brazo y comenzó a caminar.
–Agradecemos tus intenciones, pero Ledah no puede ir. –Respondió rápidamente sujetando con fuerza al menor sin detenerse.
–¿Por qué? ¿No has sido tu quien dijo que deseaba que viese muchas cosas? –El ave se postró frente a ambos bloqueando su camino–. ¿O es que acaso existe otro motivo para traerlo aquí?
–Ledah quiere ir con Fehila. –El pequeño forcejeaba para zafarse de su hermano, quien lo apretaba con fuerza.
–No hay un segundo motivo, fénix. –Su mirada estaba repleta de ira–. ¿Qué insinúas?
–Que viniste hasta aquí con la esperanza de que yo lo matara. –Fehila bufó–. ¿No es esa la razón de tu frustración y enojo, príncipe Michael?
Los pequeños ojos de Ledah se abrieron al oír las palabras del fénix. Recordó lo que su hermano había dicho algunas horas antes sobre la corona. ¿Realmente su hermano lo quería matar?
–¿Es eso cierto, hermanito?
–¡Por supuesto que no, Ledah! –Seguía apretando con más fuerza al pequeño–. ¿Cómo puedes creerle a esa ave?
–Estas lastimando a Ledah, Mike. –Este seguía intentando soltarse–. Duele. A Ledah le duele. –Los ojos del chico se cristalizaban.
–¡Ya basta! –Habló por fin Fehila y con un impulsó alejó nuevamente a Michael–. Ven, Ledah. Te daré un paseo y prometo dejarte en tu habitación antes de que tus padres despierten.
Tras dudarlo por un instante, Ledah caminó hacia Fehila y subió sobre ella. En su pequeña cabecita se llevaba a cabo un conflicto entre tristeza y enojo. Además una gran parte de esta era dominada por la duda. El ver a su hermano en el suelo, inconsciente por segunda vez lo hacía sentir mal.
–No te preocupes. –Dijo Fehila mientras alzaba el vuelo–. Estará bien.
–¿De verdad crees que…?
–Sí. –Respondió el ave sin dejarlo terminar–. Puedo saber quién es de buen corazón, pequeño Ledah. Michael deseaba que yo acabara contigo. Probablemente pensó que era como cualquier otro “hijo de la naturaleza”. Pero no te preocupes. Puede que recapacite ya que también puedo ver que su amor por ti es enorme. Por ahora disfruta del paisaje.
***
Sobre el cuerpo de la enorme ave descansaba el pequeño Ledah. Mientras recorrían el enorme sector de hielo Fehila había disfrutado la charla con el pequeño príncipe. Casi antes del amanecer este se había quedado dormido. La fénix voló hasta la pequeñísima ventana de su habitación y haciendo uso de una pequeña ventisca lo movilizó hasta su cama.
–Un Frinx tan puro como tú está a punto de ser aniquilado… –Fehila lo miraba con tristeza–. El mundo está lleno de injusticias. Te estaré vigilando, pequeño Ledah.
Dicho esto el ave se alejó nuevamente hacia su hogar, en lo alto de la colina…