–¿Crees que vendrá?
–No lo sé. Lo especifiqué en la nota. –La voz femenina parecía desesperada–. Le escribí que no éramos humanas.
Un par de chicas adolescentes conversaban entre ellas en forma de susurro en lo oscuro de un callejón. La de cabellos rubios caminaba de un lado a otro sosteniendo su cabeza entre sus manos con desespero. Su compañera llevaba recogidos sus rojizos mechones en una cola y permanecía recostada en la pared con los brazos cruzados sobre su pecho. Ambas vestían de n***o en su totalidad: Chaquetas de cuero brillante que hacían juego con pantalones del mismo tipo. Un par de botas con tacones de aguja que las alzaban de su estatura normal.
–Andrea, creo que no lo hicimos de la mejor forma. Debes recordar que estamos hablando del hijo del Rey Peter… –Reclamó la pelirroja de forma reflexiva.
–¡Por dios Alexa! Si eres tan buena en esto ¿Por qué no lo hiciste tú? –Andrea parecía amargada y desesperada.
–Debes calmarte. Por ahora tenemos que mantenernos encubiertas. Si Anabelle nos consigue… –tragó saliva– nos matará. El mantener con vida a nuestra r**a depende de nosotras.
–Debemos conseguir de nuevo a los que han llegado de Ashura. –Andrea suspiró negando con la cabeza–. Es necesario decirles que somos las únicas Nighter sobrevivientes…
***
Jaen permanecía sentado en su habitación frente a una pequeña mesa donde una vez estuvo su ordenador de escritorio. La oscuridad de la noche era profunda. El pequeño reloj digital marcaba las cuatro de la mañana. A su alrededor, en colchonetas que se extendían en el suelo, dormían plácidamente Hide y Mike, de espaldas como si ni siquiera quisieran rozarse. Ambos habían decidido dejarle la cama a Jaen, pero este no había conseguido dormir durante toda la noche. En sus manos continuaba moviendo el fragmento del Cristal Terrenal, el cual aún continuaba oscuro, sin el menor indicio de función alguna.
El líder de los humanos había intentado aplicar el mismo método que el que usó con la piedra de hielo, pero no conseguía absolutamente ningún progreso. Ni rastro de algún avance en los tres días que había intentado descubrir su uso. Pronto el sol comenzaría a brillar de nuevo y la misión daría inicio. Era necesario obtener algún resultado… pero no parecía que lo conseguiría. Resignado retiró el anillo de su dedo para colocarlo en su bolsillo. Lo miró detenidamente por unos segundos, notando la belleza atrapada en la pequeña piedra marrón.
–¿Por qué no quieres ayudarme? –Musitó como si hablara con la piedra.
Una última mirada recorrió el objeto antes de atraparlo en su puño para llevarlo en dirección al bolsillo. Su movimiento se detuvo cuando la oscuridad de la habitación fue iluminada por una radiante luz naranja. Jaen miró en dirección a la luz, notando que provenía del interior de su apretada mano. Tras abrirla con rostro lleno de impresión y alegría, observó que el pequeño fragmento de cristal era el origen de aquella luz. Repentinamente en su mente se plasmaron imágenes que no pertenecían a si mismo…
Abrió los ojos y se encontraba en un bosque… ya lo había visto antes. Ese bosque… El Bosque Perdido. Las pequeñas criaturas voladoras comenzaron a aparecer de entre las diferentes plantas. Con cabellos de diversos colores y alas como las de mariposas con diseños variados volaban de un lado a otros, dejando un casi invisible rastro de brillos como si de escarcha se tratara. Esta vez notó algo que en su visita anterior no había visto. Cada criatura de las que volaba a su alrededor, llevaba incrustado en el pecho un trozo de la piedra. Como si fuera parte de su cuerpo.
–Si estás aquí –comenzó a hablar una delgada voz sobre su hombro– es porque has logrado activar el fragmento del Cristal Terrenal.
Sentada sobre su hombro se encontraba la pequeña que había hablado con él en su sueño anterior. Esta vez veía con claridad la piedra en su pecho, la cual, a diferencia de las demás, brillaba. El anillo iba colocado de nuevo en su dedo anular derecho.
–Ha brillado… es cierto. –Soltó Jaen con emoción.
–Cada fragmento es una de nosotras. –Señaló al resto de las pequeñas que miraban con curiosidad–. Los humanos son criaturas caracterizadas por su gran cantidad de emociones. El Cristal Terrenal es la única gema que requiere de las emociones para comenzar a trabajar. Solo un alma con pensamientos sinceros sería capaz de notarlo… tú lo has hecho.
–¿Quieres decir que para liberar su poder siempre debo hablarle? –El humano sonaba algo confundido.
–No. –Corrigió la pequeña criatura–. Debes demostrar tus sentimientos hacia ella. Como ves, estamos todas vivas. –Regaló una sonrisa a su dueño–. Sin embargo, ya el tuyo está activo. Su fuerza… mi fuerza se mueve en tu interior. –El rostro de la pequeña se tornó serio antes de continuar–. Anabelle ha intentado entrar a nuestro bosque. ¡Debes detenerla! Si accede aquí, no podrás emplear el gigantesco poder que otorga esta gema… contamos contigo.
***
En lo profundo de lo que parecía un calabozo, tras una gruesa celda, permanecía encerrada la diosa guardiana de los Electric, cuya obra maestra había sido la creación de la Zirconia Eléctrica. Su usual ropa descubierta había sido reemplazada por un mono completo de color gris oscuro que cubría su cuerpo en su totalidad. Los oscuros cabellos de la mujer, que una vez iban muy bien decorados con una hermosa corona de oro y amatista, ahora estaban totalmente desarreglados con mechones cayendo por su rostro, el cual lucía demacrado y con tonos oscuros bajo sus ojos, acentuando sus pómulos. Sus pies iban sostenidos por un par de grilletes al igual que sus manos.
Mientras esta continuaba reposando en lo que parecía ser su cama, las puertas del calabozo se abrieron de golpe. Fuertes pisadas se movían en dirección a la celda.
–Tiamat… mi querida Tiamat. –Habló la sutil y persuasiva voz masculina del hombre que se presentaba ante ella desde el otro lado de los barrotes–. Te he traído algo de comer. –Hades pateó una pequeña taza con un viscoso liquido de color blanco, el cual no aparentaba ser siquiera comestible–. Adelante. Come.
–¿Cuándo piensas dejarme ir? –Tiamat sonaba demacrada pero al mismo tiempo furiosa.
–Me temo que eso no está en mis planes aun. –Hades mostró una sonrisa saturada de sarcasmo–. No hasta que la guerra haya culminado.
–Sabía que tenías algo entre manos ¡Desgraciado! –Escupió Tiamat furiosa.
–Di lo que quieras. Al fin y al cabo pronto serás ejecutada. No te queda mucho tiempo, cariño.
La refinada silueta del dios de los Firex le dio la espalda a la mujer, saliendo del calabozo.
***
–¡Jaen! Jaen… Despierta. –Llamaba Michael a su compañero.
Los ojos del chico se abrían lentamente. Sobre él vio aquellos cabellos dorados y brillantes que adornaban un par de ojos celestes. Mike lo agitaba intentando que despertara. La luz del sol inundaba la habitación entera. El reloj marcaba las 5:30.
–¿Estas bien? –Preguntó Hide mirándole un poco preocupado.
–Si. –Respondió incorporándose–. Lo estoy… –De inmediato sus ojos se abrieron repletos de emoción–. La he activado…
–¿Qué has activado? –Inquirió Mike amarrando los cordones de sus botas. Definitivamente comenzaba a pensar que su amigo humano carecía de cordura.
–El Cristal Terrenal. –Le mostró a ambos chicos su anillo en el cual, la pequeña piedra, había pasado a tomar un color naranja–. ¡Por fin está activo!
–Lo has hecho… –Habló Hide con rostro perplejo sin retirar sus ojos de la piedra–. Tienes que decirme como fue.
–Es la única piedra que tiene vida propia. Háblale, y conseguirás una respuesta de su parte. –Soltó Jaen con emoción sin quitar la vista de su piedra.
Mike se había retirado un par de pasos mientras ambos chicos dialogaban entre sí. A él le alegraba que Jaen por fin hubiese logrado activar ese poder, pero era más fuerte la gigantesca aura de tensión que lo dividía del pelinegro.
Aunque Hide escuchaba lo que Jaen decía, le parecía insólito el tener que hablarle a una piedra para que ésta comenzara a funcionar. Estaba muy confundido.
–¿Qué? –Preguntó en estado de shock–. Pero solo es una piedra…
–Si quieres que funcione –Añadió mientras comenzaba a levantarse de la silla en la cual había dormido– deberás hacer lo que te digo. –Estiró sus brazos hacia arriba seguido de un enorme bostezo–. Tenemos que bajar. Hoy tendremos un día largo.
Mike asintió y salió de la habitación junto a Jaen.
Hide, por otra parte, se quedó unos minutos más. Miraba detenidamente el pequeño fragmento que le había sido dado. ¿Debía hablarle a una piedra? Eso parecía una locura… pero debía intentarlo.
–Querida señora piedra… –Tragó saliva–. Bien, no sé qué deba decirle. Supongo que… por favor, ¿funcione? –Suspiró–. ¿Podría usted otorgarme su poder? –Las palabras vacilaban al salir de su boca–. Por favor…
Una risa se escuchó dentro de él, una como la de una chiquilla de voz aguda. Una risa tierna. De inmediato, el fragmento del Cristal Terrenal comenzó a brillar, tornándose del mismo color que el que acababa de ver en el anillo de Jaen.
–¡Lo he logrado! –Soltó con emoción para luego comenzar a correr junto a los demás con una sonrisa cargada de emoción.