–Allí está mi casa. –Hide señaló un pequeño apartamento ubicado en el segundo piso de uno de los muchos edificios de apartamentos.
–¿Por qué los humanos viven en lugares tan pequeños? –El rubio no dejaba de mirar hacia los lados con sorpresa y disgusto.
–Porque no somos reyes ni príncipes, Mike. –El pelinegro rodó los ojos sin entenderla razón por la cual se sentía tan a gusto junto a un ser tan creído como Michael Ryder–. Somos súbditos de un presidente o rey. Tú eres un rey, y por eso vives con lujos.
–Todos los Frinx vivimos de forma parecida.
–Recuerda que la cultura Frinx es diferente a la humana.
Mike soltó un audible suspiro y se encogió de hombros. Ambos se acercaron al edificio. Hide, sin dudarlo ni un segundo, sacó de su bolso las llaves de la puerta principal. Tras girarla, esta se abrió rechinando debido al notorio óxido de las bisagras. El Frinx hizo una mueca de disgusto ante tal acontecimiento. Comenzaron a subir las escaleras que dirigían al segundo piso. Hide iba un paso más adelante que Michael, quien observaba asqueado las paredes color crema del lugar. Repentinamente el Frinx se sobresaltó. Comenzó a mirar a los lados como si hubiese oído o sentido algo. Entrecerró sus ojos encarnando las cejas sin dejar de subir.
–¿Estás seguro de que vives aquí? –Mike continuaba atento, al igual que un felino cuando huele una presa.
–Por supuesto, Michael –Hide pareció fastidiado de responder esa pregunta.
Finalmente llegaron a la puerta del apartamento de Hide. Una clásica puerta lisa de madera protegida por una reja de color crema que se cerraba antes que la puerta. Los agudos sentidos del Frinx se elevaron aún más, sospechando que tras esa puerta había algo que no iba normalmente. Hide comenzó a girar la cerradura de la reja, abriéndola hacia afuera. Próximamente abrió la puerta, la cual giró hacia el lado de adentro. Una pequeña sala con paredes blancas se dejó ver. Piso de cerámica color blanco con pequeños toques de color n***o como si de manchas se tratara. Una copia del famoso cuadro con nombre de “La Monalisa” permanecía suspendido en una de las paredes, adornando junto a un juego de tres muebles rojos que daban vida al lugar. Con rostro de emoción, Hide dio un par de pasos dispuesto a entrar de nuevo en su hogar. Mike se acercó rápidamente y lo sujetó por el hombro.
–¡¿Qué diablos te pasa?! –Sí, definitivamente el joven humano estaba enfadado–. Desde que entramos al edificio has estado actuando raro. No es un palacio y no estás obligado a estar aquí. Si quieres puedes…
–Algo no va bien. –El rostro de Michael hizo que Hide dejara de hablar. Ojos entrecerrados y cejas aun encarnadas. En su boca no había ni rastro de broma alguna–. Entraré primero. Espera aquí.
–Esta –comenzó Hide con voz disgustada– es MI casa. No la tuya.
–¿Quieres dejar de ser tan terco y confiar en mí? –Susurró con autoridad. Hide asintió quedándose sin palabras.
Con sigilo, el rubio comenzó a adentrarse en el pequeño departamento. La sala era, a su parecer, demasiado diminuta. Un fuerte sonido se escuchó, proveniente de la cocina. Un ruido como el de una olla golpeando con el suelo.
–¡j***r! ¡Me he quemado! –Soltó en quejido una voz juvenil.
Aquella fue totalmente familiar tanto para Mike como para Hide, quien oía desde la entrada. Luego de cruzar la división existente entre la sala y la cocina, el ahora rey pudo observar una silueta de espalda a él. Parecía preparar alguna especie de alimento sobre los planchones de granito que había en la cocina. El Frinx no creía lo que veía. Un chico de piel pálida, mediana estatura y contextura delgada. Oscuros cabellos ondulaban sobre su cabeza. Vestía con una camiseta sin mangas, mostrando sus desnudos brazos con delgados músculos marcándose con los movimientos de estos. El chico giró su rostro y de inmediato notó la presencia de Mike. Los oscuros ojos del joven se abrieron de impresión al observar que no estaba solo para luego mostrar una divertida sonrisa.
–¿Qué… que eres? –Inquirió el rubio pasando a un rostro de enfado.
–Soy Hide –respondió el joven con cuidado– y tú estás en mi propiedad. Sal de aquí o llamaré a la policía.
–Creo que no entendiste mi pregunta. –La voz del Frinx expulsaba asco en cada palabra–. ¡¿Qué eres?!
Hide, quien permanecía sentado en la sala aguardando alguna señal de Mike y escuchando lo que ocurría adentro, sintió curiosidad de saber qué estaba pasando. Cautelosamente comenzó a avanzar… pero a quien intentaba burlar era a nada menos que el líder de una r**a, por lo que Michael no tardó en darse cuenta de que su amigo se estaba acercando. Extendió su mano y formo una pared de hielo blanco como división entre la sala y la cocina.
–¿Qué ocurre Mike? –Demandó Hide–. Déjame entrar y ver que está pasando.
–No eres humano. –Michael no retiraba su vista del doble de Hide.
Ignorando los gritos de Hide, Mike seguía concentrado en lo que tenía al frente. Una copia idéntica del Hide original. Este no respondió a las palabras del príncipe. Lo miró detenidamente, como si escaneara al Frinx. Arqueó un lado de su boca, mostrando una media sonrisa mientras cruzaba sus brazos sobre el pecho.
–Eres más astuto de lo que mi ama dijo que serías, Michael Ryder. –Por fin aquellos perlados dientes se dejaron ver en una sonrisa bastante amplia–. Es cierto, no soy humano.
–¡Eres un doppelganger! –Sentenció sorprendido.
–¡Muy bien! –Añadió sarcásticamente–. Te mereces un premio… sin embargo, no me agrada dar premios.
–¿Cuál es tu objetivo? –Michael tragó saliva.
–Eso jamás te lo diré. –El doble bufó.
–¡Monstruo infeliz!
–¿Monstruo? ¿Con qué moral te atreves a llamarme así, príncipe de los Frinx? Tú no te quedas atrás. –El doppelganger de Hide comenzó a caminar hacia Mike mientras hablaba–. Eres un idiota. ¿O es que pensabas mantener siempre en secreto que te recuerdo a tu hermano, a quien, por cierto, asesinaste? –La expresión de este se tornaba divertida–. ¿Piensas matarme luego, al igual que a Ledah? ¿Esperas continuar ocultando el hecho de que… –miró hacia la pared de hielo–… me observas como algo más que un amigo?
Mike abrió la boca para responder algo pero de su boca no brotaba palabra alguna. Una enorme vergüenza invadía todo su interior. Sabía que, tras esa gruesa pared de hielo que había levantado, Hide había escuchado toda la declaración del doppelganger, y también había escuchado que él no había objetado algún argumento razonable. Por si fuera poco no existían palabras lógicas que cruzaran su cabeza para defenderse cuando claramente semejante acusación era totalmente verídica. Estaba en jaque.
–Eso –continuó el doppelganger–, es algo totalmente horrendo. Eres tan monstruoso como lo soy yo. Quizá hasta peor. –El falso Hide había perdido todo rastro de sonrisa en su rostro– Fui creado con un objetivo pero tú… –Bufó mirándolo de arriba a abajo–. Eres solo una escoria que es capaz de asesinar a su propio hermano por avaricia.
–¡Cállate! –La ira en los ojos de Mike incrementaba cada segundo–. ¡Tú no sabes nada de mí!
–Al contrario. Se lo que sentiste en el momento en que lo veías pedirte ayuda en el suelo ¿Lo recuerdas? –El doppelganger se divertía trayendo recuerdos que el Frinx intentaba sepultar–. Ese momento en el que cruzaste su corazón como un traidor. Sé lo que sientes cuando me ves… sé mucho de ti…
–No. –La respiración de Mike se agitaba cada vez más.
–A todo esto… ¿Por qué no me dejas verlo? Quizás podamos buenos amigos. –Un destello rojo brilló en lo más profundo de los oscuros ojos del falso Hide.
–No dejaré que te acerques a él. –Mike soltaba palabras bañadas en ira.
–¿Por qué no? Solo un cruce de miradas y se convertirá en sal. ¿No te parece emocionante? –El falso Hide dio un par de pasos acercándose a Mike–. Así no tendrás que manchar tus manos de sangre. Haré ese trabajo por ti.
–Te mataré. –Las manos del rey comenzaron a emanar escarcha de color azul, expulsando la energía cautiva en el fragmento de zafiro que permanecía bajo la ropa.
–¿Energía del zafiro? –La mirada del doppelganger parecía confundida–. Creí que mi ama había robado dicha piedra…
Sin decir una palabra más Mike usó la fuerza de su piedra para crear un par de espadas hechas de hielo. Comenzó a correr hacia su oponente, el cual lo miraba con una sonrisa en su rostro sin siquiera moverse.
–Tres… dos… uno… –Contó el doppelganger usando sus dedos.
Justo en el momento en el cual terminó el conteo una fuerte sacudida azotó el edificio. Las paredes de este comenzaron a congelarse en su totalidad, partiéndolas debido a la presión que tenían. Mike miraba hacia los lados intrigado.
–Deberías tener claro –comenzó el falso Hide– que no estás en Ashura. El mundo humano no está hecho para soportar estas cargas de energía…
–¡Hide! –Gritó una voz desde las escaleras del edificio. Mary y los demás se acercaban al lugar.
–Llegan tus amigos… ¿Listo para dar explicaciones, Michael? ¿Cómo solía llamarte? “Hermanito”. –Un vórtice oscuro se abrió frente al doppelganger–. Tienen mucho de qué hablar. Volveremos a vernos… y te prometo que cuando eso pase eliminaré a tu amado.
–¡No! –Pero este se había fundido en la oscuridad.