Mike caminaba rumbo a su habitación luego de concluir aquella agotadora reunión.
Aún no conseguía aceptar que todos confiaran en Jaen después de que estuvo a punto de cambiar al bando de su madre en aquel momento. ¿Acaso era él realmente quien estaba equivocado? ¿Se comportaba como un falso amigo al cuestionar los motivos de Jaen? Solo deseaba acabar con todo de una vez por todas y que las cosas volvieran a la normalidad… pero sabía que eso era imposible. Había cosas que jamás cambiarían como la muerte de sus padres, la muerte de Rosella, la muerte de Hide…
No, no podía aceptar que Jaen quisiera ir al lado que mató a su supuesto mejor amigo.
Estaba a punto de abrir la puerta de lo que era su habitación cuando escuchó su nombre. Scarlet corría hacia él.
–¿Qué quieres después de armar semejante escenario en la reunión? –Mike sonaba disgustado.
–Necesito hablar contigo. –Scarlet ignoraba completamente su gesto de indiferencia.
–Bien, ¿Qué es lo que quieres? –Se cruzó de brazos, mirándola con ojos entrecerrados como si se tratara de una enemiga.
–En privado, Michael Ryder. –Respondió como si fuese algo obvio.
Mike dejó los ojos en blanco antes de abrir la puerta y entrar. Scarlet le siguió y cerró de inmediato la puerta luego de asegurarse de que nadie les estuviese espiando.
–¿Qué es lo que quieres? –El rubio hablaba con fastidio.
–Es Jaen… –Comenzó la Clorux sin rodeos–. Han capturado a Jaen.
–¡¿Qué estás diciendo?! –El Rey estaba sorprendido.
–¡Baja la voz, j***r! –Reprendió entre dientes la chica–. Ocurrió cuando fui a buscarle. En el instante en que abrí la celda sentí un fuerte golpe por mi cabeza. Lo último que vi fue una sombra tomarlo y desaparecer en un vórtice.
–Y sugieres que esa sombra…
–Lógicamente: Anabelle –Sentenció Scarlet.
Mike se dejó caer en su cama con las manos en la cabeza.
–Mike, esto es algo que debemos manejar por nuestra cuenta. –La reina soltó un suspiro–. Se trata de nuestro amigo.
–Se trata de tu novio. –Corrigió Mike mirándola nuevamente–. ¿Cómo puedes estar tan segura de que aún es nuestro amigo y no un traidor?
–Mike… –Scarlet sabía que no debía alterarse si realmente esperaba conseguir algo del rubio–. Jaen nos necesita. ¿O es que acaso permitirás que le ocurra lo mismo que a Hide?
Michael soltó un largo suspiro.
–De acuerdo… –Aceptó finalmente de mala gana–. Pero necesitaremos reclutar a más personas.
–Mary sabe todo. Nos ayudará. –Respondió con alegría en su voz–. Además… creo que Aneus y Andrea pueden ayudarnos.
–¿En serio? –Mike dejó los ojos en blanco–. ¿Andrea?
–Michael, no es una enemiga. –Scarlet suspiró.
–Vale…
***
Jaen extrañaba esa sensación de libertad al viajar tranquilamente en el lomo de Fehila. Sin embargo no era igual. El paisaje era distinto al que veía en Icy. Esta vez solo divisaba ruinas; ruinas de lo que una vez fue una prestigiosa ciudad habitada por los Nighter, una ciudad donde miles de criaturas inocentes vivían bajo el control equilibrado del llamado “pequeño dictador”, César Black. Un lugar que fue destruido sin ningún motivo especifico, solo por egoísmo.
El aire que respiraba era pesado, oloroso a cenizas, muerte y putrefacción. Muy probablemente aún se descomponían c*******s allí abajo. Anabelle era un monstruo y por mucho que Jaen deseara acabar con el egoísmo de los Ashurianos sus acciones no eran justificadas.
Como si todo eso fuera poco la tensión que estaba presente entre Fehila y él era notoria. Causaba una incomodidad difícil de explicar para Jaen.
–Si crees que voy a olvidar tu promesa de una explicación, estás equivocado. –Soltó finalmente Fehila–. Comienza a hablar o te tiraré desde aquí arriba.
–Pasaron muchas cosas desde el momento en que mi madre atacó… –Comenzó pero no tardó en ser interrumpido.
–Es la primera vez que te escucho llamar “madre” a ese monstruo. –Fehila sonaba renuente a demostrar algún rastro de afecto o cariño por Jaen.
–Eso es… –Tragó saliva–. Y al parecer no puedo evitarlo…
–¡No te hagas el sufrido porque no lo eres! –El ave soltó con furia.
–Vale, vale. Como iba diciendo… –Nuevamente comenzó a hablar para ser interrumpido.
–¡No puede ser! –Gritó Fehila.
Fehila aleteó con fuerza al frente para detenerse. Jaen perdió el equilibrio pero al sostenerse de las plumas del ave evitó caerse.
La preciosa ave soltó un grito de dolor.
–¿Qué pasa? –Jaen sentía que si corazón se saldría del pecho.
–Está aquí… –El fénix sonaba incluso más tensa que antes.
En el horizonte apareció un punto naranja aproximándose a toda velocidad. Fehila dio vuelta inmediatamente intentando salir de ese lugar pero fue bloqueada por una segunda figura. Una mujer que sonreía malévolamente.
–Ariana… –Jaen parecía asombrado.
No tardó en darse vuelta para ver algo sin igual. Otra ave tan majestuosa como Fehila pero en lugar de estar lleno de escarcha expulsaba llamas intensas. De colores rojo, naranja y amarillo los cuales se movían lentamente como el fuego vivo. Hermosas plumas largas formaban una cola similar a la de su aliada. No había duda, era el Fefíl, el fénix de Fuego. Fehila graznó
–¿Qué significa todo esto? –Demandó confundido.
–Bien hecho, Príncipe Jaen. –Ariana soltó una carcajada–. Te agradezco por ayudarme a reunir a estos dos Fénix destinados a combatir.
–¿¡ASÍ QUE FUISTE TÚ!? –Fehila estaba furiosa. Era la primera vez que Jaen le veía en ese estado–. ¡Te odio! ¡Traidor! –Y con una sacudida hizo que el chico cayera.
–Fehila, no tienes que ponerte así. Sabes tan bien como yo que tu destino ineludible es que mueras aquí. –Fefíl, el fénix de Fuego sonaba feliz, divertido de tener a esa ave frente a él.
Jaen veía el suelo acercarse cada vez más. No tenía su fragmento de Zafiro… pero entonces sintió un par de manos sujetarle por la espalda y llevarle al suelo. El calor era enorme y no era la primera vez que tenía esta sensación.
–¡¿Qué significa todo esto?! –Demandó a Ariana por segunda vez.
–Sólo cállate y disfruta de los frutos de tu trabajo… –La mujer soltó una audible carcajada, como las típicas villanas en las caricaturas.
–Discreparé, Fefíl. Este combate no está predestinado. –Fehila miraba a su oponente con ojos entrecerrados–. Se debe a que estamos en bandos diferentes.
–Velo como gustes, querida, de igual forma estás a punto de ser acabada. –La gruesa voz de su oponente sonaba divertida.
–Veremos si eso ocurre.
Con un fuerte sonido ambas aves se lanzaron una sobre la otra.