Los ojos de Aneus se abrían lentamente para nuevamente observar aquél salón blanco. Claro, la buena noticia es que este sería el último día confinado en este intento de hospital. Es cierto, le habían ayudado pero en su vida podía decir con toda certeza que odiaba los hospitales.
Miró a su alrededor en busca de quien había estado siempre a su lado pero en su lugar vio al rubio que parecía bastante atemorizante, porque sí, su mirada era todo menos cálida.
–Oh, Rey Michael. –Aneus se sentó de inmediato e inclinó la cabeza en forma de reverencia–. No esperaba verlo por aquí.
–Sé que apenas te estás recuperando y que eres un humano sin mucha experiencia… –Mike hizo un gesto de comprensión aunque no terminaba de entender para qué estaba haciendo todo eso–. Pero te necesitamos.
–¿Ha pasado algo? –Aneus sonó intrigado.
–Es Jaen. –Explicó el Frinx–. Ha sido capturado…
–Dios mío.
–Baja la voz… –Peticionó el rubio–. Es un asunto que hemos decidido abordar Scarlet, Mary y yo solamente, pero necesitamos tu apoyo y el de Andrea.
–De acuerdo. –Asintió Aneus–. ¿Cuándo partimos y… adonde?
–Nos vemos a medianoche en la sala de reunión. –Respondió Mike–. No llames la atención. El lugar lo responderemos allí.
***
Fehila abrió la boca para expulsar una bocarada de escarcha, la cual evitó rápidamente Fefíl. Voló sobre su oponente y lanzó un aletazo a su lomo. Esta soltó una queja y movió su ala hacia el pico del fénix de fuego, pero este fue más rápido y le esquivó.
–Siempre fui mejor que tú, Fehila. –Se burló Fefíl.
–No crees patrones donde hay variables. –Respondió el ave de hielo con orgullo–. Si realmente esperas ser mejor que yo tendrás que demostrarlo.
Fehila preparó sus garras y se lanzó sobre su oponente. Sabía perfectamente que estaba jugando su misma vida. Clavó las garras en el pecho de Fefíl a lo que este escupió un grito de dolor. No tardó en envolverle con sus alas y comenzar a dejar escapar el frío natural que habitaba dentro de ella. El ave de fuego se agitaba de un lado a otro intentando zafarse de esta, ella podía sentir como su cuerpo se quemaba lentamente por las llamas oponentes, aun así, si tan solo estaba en la capacidad de mantenerlo así unos segundos más… pero fue imposible.
Tras un segundo gemido de dolor Fefíl escupió una bola de llamas sobre el rostro de Fehila, obligándola a alejarse.
Sus alas temblaban por el dolor de las quemaduras. Necesitaba concentrar el frío interno para sanar la piel caída. Por otra parte, el fénix de fuego no había quedado ileso. Muchas partes de su cuerpo se tornaban de color oscuro y el movimiento de las llamas se había detenido: se habían carbonizado.
–¡Te haré pagar por esto! –Gritó el ave de fuego furiosa
Las llamas de su cuerpo se encendieron aún más, rompiendo así los trozos carbonizados y dejando en su lugar sectores sin piel.
Se abalanzó sobre Fehila intentando dar un picotazo en su ojo derecho pero esta no tardó en eludirlo y contraatacar con una bocarada de aliento helado, la cual hirió parcialmente el rostro de Fefíl. Se trataba de un combate que podía ser reconocido como una película de ficción creada para el cine. Un éxito que terminaría de una manera nada favorable para los protagonistas.
De un impulso el ave de fuego se alejó de su oponente. Soltó una carcajada.
–Curiosamente no has cambiado en nada, Fehila. –Soltó con diversión–. Sigues intentando ser la mejor en todo.
–¿Intentando? –La fénix sonrió–. Creo que aún no lo entiendes, Fefíl. Soy mejor que tú.
Fefíl solo sonrió antes de extender sus enormes alas y aumentar las llamas que su cuerpo expedía. El calor fue evidente para quienes observaban el combate sin poder interferir. Jaen era quien respiraba de forma agitada al ver a quien una vez fue su aliada atrapada de esta forma.
–¿¡Por qué lo has hecho!? –Reclamó el humano enfadado.
Ariana sonrió
–Si viniste aquí es porque deseabas eso, mocoso estúpido. –Reprendió la reina mirando el espectáculo con una sonrisa de emoción en sus labios–. ¿Sigues sin entenderlo, sabandija? Juntos aniquilaremos uno a uno a los seres que se oponen a nuestra regencia.
–Yo no soy tu aliado. –Soltó entre dientes con ira–. Y nunca lo seré.
–¿Estas… seguro? –Con un chasquido de dedos la Reina de los Frinx usó su fuego para quemar el trozo de trapo que cubría el hombro de Jaen, dejando expuesta aquella extraña marca–. Con solo ver eso sé perfectamente que estás de nuestro lado. –Señaló con su dedo y lo afincó en su carne, encajando su afilada uña en la piel. Jaen hizo una mueca de dolor al ver las gotas de sangre comenzar a brotar–. ¿Crees que no me muero de ganas por convertirte en un infeliz carbón? ¿Oírte gritar mientras te quemas vivo? Pero eres una pieza importante para Anabelle y solo por eso no puedo hacerlo.
Los ojos del chico se abrieron aún más. Sin decir nada miró hacia el lugar donde se llevaba a cabo el combate
–No me importa lo que digas. Iré a ayudar a Fehila. –Se levantó dispuesto a apoyar a su aliada.
Y fue entonces cuando la vio caer en el suelo.
***
Fefíl aumentaba la temperatura cada vez más. Fehila sabía que esto no era nada bueno para ella. Un fénix no podía mantenerse activo si el ambiente era totalmente opuesto a su elemento. Alterar la temperatura en grados extremos era una habilidad que requería mucha energía y experiencia para ser desarrollada. Ella apenas había podido conseguirla pero el riesgo de usarla era quedarse sin energía. No… no podía dejar que el lugar se calentara.
Extendió sus alas y comenzó a aletear con fuerza en dirección opuesta a ella. Necesitaba alejar lo más posible el calor de su cuerpo. Cada aletazo disminuía un poco la temperatura y devolvía el calor.
Su respiración se agitaba tras cada segundo al darse cuenta de que su acción no daba progresos.
Repentinamente sintió más calor proveniente de su espalda. Se dio vuelta y allí estaba… un segundo Fefíl. Un clon.
Imposible… no podía estar pasando esto. ¡Mantener la misma técnica dos veces era algo impensable!
–¿Qué decías, mi querida Fehila? –Fefíl comenzó a reír a carcajadas. Su victoria era inminente.
–Eres… –La visión de la fénix de hielo comenzaba a ser borrosa–… un… –Descendía lentamente al perder las fuerzas para aletear como debería–… desgraciado… –Y cayó. Su cuerpo se estremeció al caer contra el suelo.
A pesar del golpe seguía consiente, y allí podía ver esa silueta conocida que corría hacia ella. Jaen gritaba su nombre mientras se acercaba rápidamente.
Fehila usó sus pocas fuerzas para alzar una de sus alas y batirla para repeler al chico.
–Acércate a mí… y te juro… que te mato… –La respiración pesada le impedía hablar fácilmente, pero la rabia en su voz era perceptible–. No te… necesito. Tú eres… basura… ¡Traidor!
–Fehila… –Musitó por lo bajo Jaen con lágrimas en los ojos a punto de derramarse.
–Vaya vaya… –Fefíl aterrizó junto a su oponente–. Siento mucha tensión por aquí. ¿Ese chico te ha hecho daño, mi querida Fehila? –El ave de fuego se acercó su pico a la cabeza de Fehila–. Si gustas puedo calcinarlo después de terminar contigo ¿Qué me dices?
–¿Y qué me dices si mejor acabo contigo primero, asqueroso saco de plumas calientes?
Todos miraron en dirección a aquella nueva voz que retaba al Fénix de fuego. Era conocida para Jaen, pero al mismo tiempo desconocida. ¿De quién se trataba?
***
Mike y el resto de los chicos que habían decidido ir en busca de Jaen estaban preparado para partir. Los nervios estaban latentes en cada uno de ellos pero estos eran opacados por la clara decisión de conseguir a su amigo y traerlo de regreso. Scarlet había hecho aparecer a Deneb y todos subían en este.
–Llévanos al Castillo de la Noche lo más rápido que puedas. –Dijo en el momento en que todos estaban sobre este.
De inmediato el ave se alzó en vuelo.
–A ver si entendí. –Comenzó Andrea–. ¿Están diciendo que alguien raptó a Jaen y le llevó con Anabelle?
–Es lo que Scarlet consiguió observar. –Mike parecía pensativo. Sentía que una pieza en todo este rompecabezas no encajaba y él sabía perfectamente que ese factor se nombraba “traición”–. Algo en todo esto no me agrada.
A pesar de que todos estaban decididos a salvar a su amigo en el ambiente imperaba el silencio, la zozobra por no saber con qué se conseguirían al llegar allí, al territorio enemigo.
–¿Está todo bien, Mike? –Scarlet se colocó junto al chico mirándolo con detenimiento–. No pareces estarlo.
–No sé qué pensar de todo esto. Hasta ayer sentía que conocía a Jaen, podía confiar en él… –Suspiró cerrando los ojos con resignación–. Pero todo cambió. ¿Y si lo que viste no es real? ¿Y si es una trampa?
–Jaen es nuestro amigo y debemos confiar en que sus acciones son para ayudarnos. –Intentó convencerle Scarlet nuevamente.
–¿Cómo puedes estar tan segura? –Mike salpicaba su voz con dolor.
–Porque él nunca haría nada que perjudicase a quienes quiere.
Mike no respondió. Durante el resto del viaje nadie dijo palabra alguna…
–Estamos cerca. –Advirtió Scarlet luego de unos minutos–. Prepárense para cualquier cosa. Entraremos en territorio enemigo: los antiguos dominios de los Nighter, es decir, de César Black.
En el horizonte se divisaba el imponente castillo rodeado de lo que una vez fue una ciudad, de ese lugar en el que una vez habitaron los Nighter.
Andrea miraba todo con horror. Su mundo se había venido abajo. Era cierto que la última vez que la chica estuvo allí seguía tratándose de una utopía que la humana había encontrado, pero las cosas eran muy diferentes ahora y su corazón sentía una enorme tristeza. Sus ojos no tardaron en cristalizarse al observar el resultado de la invasión. Aneus se acercó a esta y la rodeó con un brazo por la espalda sin decir palabra alguna. No entendía aún la magnitud de todo esto pero estaba al tanto de que aquí vivió esa chica. Era devastador.
–¿Qué es eso? –Mary miraba fijamente al castillo donde se veían destellos en el cielo. Explosiones rojas y azules–. Parecen fuegos artificiales.
–Dudo que nos estén recibiendo con vítores. –Bromeó el rubio intentando observar desde la distancia–. Esa es… ¿Fehila? –Mike parecía asombrado al ver al Fénix de Hielo en este lugar–. Y el ave roja entonces se trata de… no puede ser.
–Es Fefíl, el fénix de fuego… –Completó Scarlet mirando el encuentro mientras se acercaban cada vez más.
–Un momento. ¿Quieren decir que los fénix son reales? –Aneus parecía sorprendido.
–Existen dos fénix en este mundo. –Comenzó a explicar Andrea, quien parecía tener una mejor conexión con el humano famoso desde el momento en que ambos pelearon juntos–. Fehila, el fénix de hielo y Fefíl, el fénix de fuego. Hay rivalidad entre ambos, por lo que se supone que no deben conseguirse.
Fue entonces cuando Deneb aterrizó. No podía acercarse más o sería visto. De inmediato todos corrieron en dirección al encuentro que parecía tener un final seguro: Fehila sería derrotada. Se escondieron tras escombros justo para ver como esta caía al suelo.
Scarlet llevó las manos a su boca. Intentó correr en esa dirección pero la mano de Michael sujetó su muñeca. Negó con la cabeza indicándole que no fuera.
Jaen entró en escena siendo repelido por Fehila.
–Lo ha llamado traidor. –Susurró Mike–. Sabía que algo en todo esto no iba bien.
–No me interesa lo que piensen, Fehila necesita nuestra ayuda. –Mary fue quien salió. Michael se movió tras ella dispuesto a detenerla cuando vio aparecer a una silueta frente a ellos.
–¿Y qué me dices si mejor acabo contigo primero, asqueroso saco de plumas calientes?
Todo se quedó en silencio. El sujeto iba cubierto por una armadura color azul platinado. En su mano sostenía una espada cuya hoja era de hielo sólido. Mike estaba estupefacto. La única forma de poseer un arma de ese material es poseer un fragmento del zafiro y, por ende, ser un Frinx… se suponía que todos estaban muertos.
–Eres… eres tú –Musitó Fehila al sentir su presencia.
–¿Quién demonios es este mísero mortal que se atreve a amenazarme? –Fefíl mostraba un gesto de burla.
–Déjala ir. –Su voz era firme, sin temor alguno en ella. Un absoluto desafío ante la fuerza del fénix de fuego–. No lo repetiré una segunda vez.
–Te veo muy confiado, mocoso. –El ave de fuego mostró enfado en su voz.
–¡Fefíl, alto! No sabemos quién puede ser… –Exclamó Ariana intentando descifrar lo que ocurría frente a ella–. No le hagas daño.
Antes de que siquiera terminara de hablar el chico estaba junto a Fehila levantándola él solo.
–Hacía tanto que no nos veíamos… mi aliada. –Incluso detrás del yelmo Fehila pudo percibir la sonrisa nostálgica que le propinaba.
El chico dirigió una mirada a Michael antes de convertirse en una escultura de hielo dorado junto a la fénix y desaparecer cual escarcha.
–No… no puede ser. –Mike estaba atónito.