Mientras en la cama de Amelia las manos suaves y tiernas de Alfred acariciaban el vientre de la madre de sus hijos y le hacía promesas de amor a sus hijos mientras con sus labios besaba su barriguita y luego disfrutaba de los labios de Amelia. Francis era recibido con amor en los brazos de Diana quién estaba muy orgullosa del corazón del marqués que fue capaz de perdonar a Amelia y de abrigar el amor del hermano menor de la reina Elizabeth y de Amelia en el castillo, aún a sabiendas de lo peligroso que podría ser que los descubrieran. ¡Amo al hombre al que mi corazón escogió pertenecer! Es un hombre de noble corazón, de tierna mirada y de suave manos... Me encanta como me acaricia y me hace perder la razón... Adoro que me arruyen sus besos hasta quedarme dormida en sus brazos... Me

