Estéfano Su boca parecía una pequeña cereza entre mis labios. Dulce, suave, deliciosa. Cinco segundos besándola y mi polla estaba palpitando por su atención. Me encontré sorprendido por esas sensaciones. Esperaba cualquier cosa, menos excitarme con unos labios tan pequeños. Quizás, siempre subestimé el poder de los besos. Sus piernas intentaron rodearme y tuve que reír entre besos porque parecía un gatito trepando un árbol. Imposible. Aun así lo intentaba y por lo visto tenía fuerza en esos muslos porque logró apretar mis caderas lo suficiente como para no caer. Mis manos la sostuvieron de la espalda y parte de la nuca, me aferré de esos dos puntos, metiendo presión para obligarla a intensificar el beso. Fue demandante, apasionada, como si su fuego fuera más grande que ella. De

