Elena No puedo creer lo terriblemente inocente que soy. Tanto que bien podría autoproclamarme ridícula. Una semana había pasado y no tenía noticias de Estéfano. Me sentí usada, estafada. Lo peor es que siento que merezco esto. Pequé de ignorante, por mi juventud y falta de experiencia. Tristemente, volvía a estar sola en esto. Suspiré mirándome en el espejo. Mi vestido de novia parece salido de una película pornográfica al estilo colonial. Corsé con bordados dejando mis hombros expuestos, debajo una pequeña falda de tul muy parecido a un tutú de ballet. Blanco en señal de pureza, una que antes cuidaba con recelo y ahora detesto. ¿Habría cambiado en algo si aceptaba perder la virginidad? El asco que siento al pensar en que le tendría que entregar lo más sagrado que tengo a Marti

