C10

3066 Words
—Me alegra oír eso —Gwendolyn emitió con su usual seriedad. El típico perfil de líder; duro por fuera y quién sabe cómo por dentro. —¿Qué hay sobre mi pierna? —aún seguía cojeando y no era conveniente aventurarme en aquella misión en aquel estado. —Florence ha estado aplicándote una crema —comenzó a decir ella —, pero tendremos que darte dos inyecciones al día en la herida para que sane por completo. j***r, con lo poco que me gustaban las agujas. Lo irónico de no temerle a una bala pero sí a una cosa diminuta y delgada. —Thea y Cailan se encargarán de aplicártela —me informó y mi cuerpo se tensó. No, no permitiría que él volviera a acercarse a mí. —¿Por qué no puede hacerlo Florence? ¿O sólo Thea? —cuestioné y casi parecía que estaba entrando en pánico — No me siento cómoda con Cailan. —Aquel clavó su fulminante mirada sobre mí pero no le di importancia. Frederick se acomodó en su asiento y Mitch miró mal al rubio. —Florence tiene muchos pacientes. Thea ha estudiado enfermería pero es una agente como tú y tiene trabajo por hacer, por lo que no puede estar todo el tiempo contigo. —Bufé —. Por si no sabías, Cailan es el hijo de Florence y ha crecido admirando el trabajo de su madre. Basta con que ella le dé las indicaciones y todo saldrá bien. Poco me interesaba que la aguja llegara a mi herida o no; temía que otra cosa llegara a otro lugar. —Si hubiésemos podido evitar exponerte —me dijo ella —, lo hubiésemos hecho. Sin embargo, es algo que ha salido de imprevisto y debes estar allí para ayudarnos. —Y, ¿qué se supone que debo hacer? Esperaba que no tuviera que asesinar a nadie. Con mucha suerte sería capaz de enfrentarme a mis amigos sin lanzarme a sus brazos y abrazarlos como para encima deber quitarles la vida. —Algunos miembros de KEK asistirán a una fiesta de disfraces como parte de una de sus misiones —explicó Gwendolyn. Anya. La próxima misión era la suya y de seguro la vería allí. —Kline —observó al amigo moreno —y Reyes —dirigió su mirada hacia la atractiva mujer — irán como un matrimonio. Se harán pasar por Cecilia y Emilio López, quienes no asistirán a la fiesta por haber cogido una grave gripe. Lo bueno es que nosotros hemos robado sus invitaciones y esas serán las que ustedes utilizarán para entrar sin que sospechen —ambos asistieron. Gwendolyn dirigió su vista hacia mí y Cailan. Esperaba que fuéramos como mucho hermanos... —Eleanor Connor y Miles Desmond, mucho se ha hablado de ustedes pero pocos los conocen. Jóvenes, enamorados y de familias adineradas —maldita suerte —. Ambos prefieren estar apartados de las cámaras, pero cambiarán de opinión por única vez y asistirán a aquella fiesta con sigilo. —Cailan asintió y le lancé una mirada despectiva —. El objetivo de los cuatro allí será no sólo que Valdine nos informe sobre los miembros de KEK presentes, sino también descubrir cómo es la situación dentro de la corporación. Debemos saber cómo siguió todo luego de la captura de Jensen y la muerte de Rufus. —¿Y qué hay sobre cómo luzco? —pregunté —No sólo me reconocerán a mí, pero también a Vaughan —una corriente eléctrica me recorrió el cuerpo al nombrarlo y saber que tenía su mirada posada sobre mí. —Todos lucirán distintos —aquello me alivió —. No sé con exactitud a quiénes conocen, por lo que no me arriesgaré con ninguno de ustedes por más que lleven disfraz. —¿Nuestras invitaciones? —preguntó el rubio a mi lado con un tono firme, quien aún seguía sosteniendo mi cadena. —También las hemos robado —intervino Frederick —. Confirmaremos su presencia allí tan solo unas horas antes del gran evento. Hacerlo con mucha antelación les daría tiempo para investigar si son realmente quienes dicen ser. —¿Cuál es el objetivo de la fiesta? —la morena habló por primera vez. Tenía una seguridad en sí misma que cualquiera tendría si estuviera en sus pantalones. —Se dice que Irene estaría intentando buscar aliados para luchar contra nosotros. Ustedes deberán distraer a sus objetivos para que no lo logre —anunció Mitch. Un nudo se me atravesó en la garganta sin creer que todo este tiempo me había encontrado en el bando equivocado. Mi padre había intentado solucionarlo pero confiar en Irene había sido un grave error. Así como yo había sido una víctima, era probable que muchas de las personas que conocía dentro de KEK también lo fueran. —¿Qué hay sobre mis amigos? —me atreví a preguntar. Que Irene fuera una persona vil, no significaba que mis amigos también lo fueran. Para ponerme en contra de ellos, debía verlo con mis propios ojos. —Aún no sabemos quiénes están al tanto de los planes macabros de su líder —volvió a intervenir Gwendolyn. Su concentración y su porte era algo que resaltaba en ella cada vez que la veía. La confianza con la que se expresaba y sin lugar de salirse de sus casillas —. Por el momento, ni tú o nosotros podemos fiarnos de nadie. La única persona en la que hemos confiado, creemos que ya no se encuentra con vida. —Cailan se removió en su lugar y su expresión facial demostraba la furia contenida. Ella debía de estar hablando sobre la misma persona que había nombrado el día que me secuestraron. Si había alguien en quien sabía que no debía confiar, ese era Broc. Poner un micrófono en mi celular había sido suficiente para verlo como un traidor. —Irán con micrófonos sobre ustedes —mencionó Frederick, poniéndose de pie. Aparté mi vista, ya que no quería continuar sintiéndome intimidada por él —. Serán casi invisibles y nosotros hackearemos las cámaras del salón para verlos. Intenten no salirse de la zona, a menos que sea realmente necesario. —Todos asintieron. El llamado de mi padre había sido la pieza faltante para hacerme dar cuenta que Irene era una puta m****a, pero eso no me hacía sentir menos culpable al estar dándoles la espalda. Mi problema no era ella porque empezaba a importarme una m****a, pero Anya, Yuna y Jayce aún seguían allí dentro; sería como darle la espalda a ellos. —¿Por qué no hackearlas a todas? —le preguntó Gus. —Queremos evitar que nos descubran —alegó Vaughan mayor —. Cuantas más cámaras hackeemos, más probabilidades tenemos de que nos descubran. —De cualquier forma, les estaremos informando más en estos días —emitió Gwendolyn y también se puso de pie —. Mientras tanto, esperaremos a que la pierna de Valdine sane y que nuestro plan se mantenga en pie. Todos imitaron su gesto y Cailan me obligó a ponerme de pie, tirando de mi cadena y dejando más heridas en mis muñecas. —¿Podrían darme unos minutos con Val? —les pidió Mitch a todos y la líder de JBG fue la única que permaneció en aquella gran habitación. Dirigí mi mirada hacia él, quien ahora llevaba mi correa, y me dio una sonrisa de lado. —Mostrarte aquel llamado telefónico era lo último que quería hacer —comenzó a decir —. Aún me cuesta volver a oírlo y no puedo imaginar lo que debe de haber sido para ti. —Tragué grueso y bajé mi mirada. Si no lo veía, se me hacía más fácil contener mis lágrimas. Metió la mano en el otro bolsillo de su pantalón y cogió un papel; era una de las preguntas que le había escrito. —¿Por qué mentiste sobre tu muerte y te uniste a JBG? —leyó. Posó sus dedos en mi mentón para alzar mi rostro, obligándome a que lo viera —Irene estaba manejando algunas situaciones dentro de la corporación de una forma que no me agradaban. Siendo colegas, decidí decírselo pero a ella no le gustó. En ese entonces, comencé a recibir amenazas de muerte —suspiré. ¿Cómo había sido posible que hubiese vivido enceguecida por tantos años? —y se lo conté a tu padre. No sabía si estaban relacionadas con ella, pero nada de eso me daba buena espina. Mi vida estaba corriendo peligro y debía tomar una decisión. —La muerte falsa —emití y él asintió. —Tu padre me la otorgó, pero la condición era no volver a contactar contigo de ninguna forma. Eso solo te pondría en peligro a ti y a él por mentir. Las palabras de mi padre en la carta regresaron a mí: "Mitch jamás nos ha engañado o ha sido deshonesto. En todo caso, sólo intentaba protegernos." Así como de seguro había sido difícil para mi padre quedarse en KEK, debía de haber sido también muy difícil para Mitch el marcharse del único lugar que conocía y confiar en que encontraría otro mejor. —Aquel fue el comienzo del derrumbe —volvió a llevar su mano al bolsillo, cogiendo otro papel —. ¿Qué sucedía en la corporación y por qué mi padre desearía de haber seguido tus pasos? —tragó grueso y suspiró — La primera pregunta la responderé otro día, no me parece lo indicado darte una respuesta incompleta. Mitch se estaba sincerando conmigo tanto como lo había deseado desde el primer día. Aún tenía muchas otras preguntas por hacer, pero que me estuviera dando algunas respuestas significaba que ellos también me estaban dando la oportunidad de pertenecer. —Yo pude marcharme porque no era el líder de KEK. A tu padre también le gustaría haberlo hecho, pero decidió quedarse y luchar para que todo mejorara —su voz se quebró y bajó su mirada —. El resto es historia. Mis ojos volvieron a humedecerse y la Val de hace dos años atrás me gritaba que lo abrazara, que había alguien más que estaba sufriendo la muerte de mi padre tanto como yo. —Me tomó mucho tiempo ganarme la confianza de Gwendolyn y Frederick —sollozó —. Por favor, prefiero que te marches sin decirme nada, pero no me traiciones. No podía verlo derrumbarse frente a mí y no hacer nada. Podía sentir su dolor como si fuera el mío y la antigua Val regresaba. Me acerqué a él y me acomodé entre su pecho. Las esposas me imposibilitaban abrazarlo, por lo que apoyé mi cabeza en su hombro y cerré mis ojos. —Me guste o no, eres lo más cercano a la familia que me queda —musité —. Sabes bien que no tomo las decisiones a la ligera y, si digo que haré lo que sea para acabar con la culpable del asesinato de mi padre, lo haré. Oí un suspiro a nuestro lado y, al apartarme, Gwendolyn se encontraba a nuestro lado. —Espero estar tomando la decisión correcta, Valdine —cogió mis manos, introdujo la llave en la pequeña cerradura y me quitó las esposas. j***r, se sentía de maravilla. Estiré mis brazos a mis lados y una sonrisa se me formó en el rostro. Parte de mí volvía a sentirse libre. —Jamás me llamará Val, ¿verdad? —le pregunté a Mitch y rió por lo bajo. —Mejor Valdine que Jensen a secas, ¿no crees? —su seriedad usual parecía desvanecerse tan lentamente que me quería hacer apresurar el paso de los días. —¿Siempre eres tan seria? —Ella me acribilló con la mirada. Vale, ya la había cagado. —Es lo que conlleva ser líder —añadió Mitch y ahora lo abracé apropiadamente. En cierta forma, estar cerca de él también me hacía sentir un poco más cerca de mi padre. —Thea está esperándote fuera para curar tus muñecas y la inyección del muslo —me informó ella y asentí. Nos encaminamos hacia la gran puerta y no sólo la pelirroja se encontraba allí, sino que también Cailan y Gus. Gwendolyn y Mitch se marcharon y la pelirroja me dio una sonrisa al ver que ya no llevaba la cadena. —Eso es una buena señal —emitió. Su alegría era realmente contagiosa. —Ya no podrás tratarme como un perro —la diversión se instaló en mi sonrisa al ver a Cailan. Él torció sus ojos y salió de su reposo en la pared —, Vendrás conmigo luego de la cena para tu inyección —espetó. Me encantaba verlo molesto. Me fascinaba que supiera que ya no podría controlarme y llevarme de aquí para allá a como le diera la gana. —No iré a ningún lado sola contigo. —Llenó sus pulmones de aire. Eso es... La paciencia se le agotaba con facilidad y volvía a gozar de tener el control. —¿Deseas que todos admiren tu t*****o? m****a. —Recuerda que ahora puede partirte el rostro con facilidad —intervino Thea, defendiéndome, y le di una mirada cómplice. —Me importa tres mierdas —comentó el rubio de mala gana. Gus le dio un golpe de advertencia en su pecho y su amigo bufó —. Vendrás conmigo luego de la cena y fin de la conversación —ordenó y ambos se marcharon. —Eres su próxima víctima —me advirtió y comenzó a caminar. Que bien se sentía que no tuvieran que cogerme de la cadena para obligarme a ir a algún lugar. —Me lo ha dejado muy en claro. —Sin detener nuestro paso, volteó a verme con sus ojos entrecerrados. —¿Ya se te ha lanzado encima? —aclaré mi garganta. Pues, no así como lanzarse encima de mí, pero me había acorralado para besarme. ¿Qué se suponía que fuera eso? Recuerdo que Thea me había dicho que sólo procurara no besarlo y... creo que era mejor evitar el tema. —Descuida, es una tontería —respondí y abrió la puerta de una habitación. Me adentré y era algo grande. Parecía ser el lugar donde guardaban cobijas y otras cosas semejantes. Thea cogió una banqueta para que tomara asiento y noté que traía con ella una pequeña cajita. Tomé lugar y me pidió que extendiera mis manos hacia ella. Mis muñecas se veían irritadas por lo apretadas que se habían encontrado las esposas y también tenía varios cortes. Me limpió las heridas con un líquido transparente que ardía un poco, pero eso no me importaba. Sólo agradecía no tener que continuar usándolas y esperaba no tener que volver a hacerlo. Al finalizar con aquello, me puse de pie, bajé mi pantalón y volví a tomar asiento. Ella tomó la jeringa entre sus dedos, introdujo la aguja en el pequeño frasco muy cuidadosamente y la llenó de aquel líquido transparente. Se acercó a mí y volteé mi rostro. Odiaba ver cuando me daban una vacuna o me extraían sangre. —¿Le tienes miedo? Asentí. La vi ponerse de pie y me entregó un cojín. —No puedo decirte que no dolerá, pero puede que te ayude. —Lo acepté y lo apreté entre mis brazos. Ella volvió a ponerse en cuclillas ante mí y cerré los ojos. De repente, sentí una puntada en la herida pero había sido menos doloroso de lo que había imaginado. Sentí aquel líquido esparcirse entre mis tejidos y la aguja fue removida. —Eso es todo —me indicó y respiré aliviada. Me cubrió la herida y me puse de pie para subir mi pantalón —. Naya me ha informado sobre la misión. ¿Naya? Debía ser la chica despampanante que me acompañaría, la esposa de Gus. —¿Naya Reyes? —pregunté y asintió. —Me lo ha comentado mientras estabas dentro junto a Mitch y Gwendolyn. Enhorabuena —me palmeó el brazo —. Eso quiere decir que comienzan a confiar en ti. Incluso estaban confiando demasiado en mí. ¿Y si la cagaba? Sería la primera vez, pero la posibilidad siempre estaba. Esperaba no decepcionarlos, en especial, a Mitch. —No lo arruinarás —formuló, como si hubiese viajado entre mis pensamientos —. Sí, puede parecerte extraño ahora estar luchando contra los que creíste que eran tu familia, pero no lo eran realmente —suspiró —. Muy pocos aquí te conocían, pero todos lo hicieron en cuanto sucedió lo de tu padre. A algunos no les importó tu pérdida, pero otros empatizamos contigo. —Sonreí. La encantadora personalidad de Thea siempre me recordaba a Anya. Me era imposible no pensar en ella y pensar en cómo se estaría sintiendo ahora mismo. Me preguntaba qué les habría informado Irene sobre mi desaparición, s*******o o asesinato. A este punto, podía imaginar que sus niveles de locura rozaban la demencia si había tenido el descaro de amenazar de muerte a Mitch. —Mi grupo de amigos es del segundo grupo; queremos ayudarte. Sé que Cailan y Gus pueden ser unos idiotas a veces —Reí por lo bajo —, especialmente, el primogénito de Frederick, pero ambos te cubrirán el t*****o si deben hacerlo. De cualquier forma, si llegas a sentirte algo desamparada por aquel par de tontos, Naya es muy dulce y sé que te ayudará en caso de que la necesites. —Me recuerdas a mi mejor amiga —emití. Ella señaló el brazalete que le había enviado a inspeccionar y asentí. Curvó los labios en una auténtica sonrisa y suspiró. —Pues, no planeo ocupar su lugar —comenzó a decir —, pero espero ser suficiente hasta que algún día vuelvan a reencontrarse. Esperaba que aquello sucediera pronto. No podía esperar a volver a abrazarla y así también a Yuna. —Nadie debería ocupar el lugar de nadie —Sostuvo su mirada sobre mí —; puedes tener tu propio lugar en la vida de cualquier persona, Thea. Tragó grueso. Podía notar como sus heridas e inseguridades del pasado se hacían presentes, rompiéndome el corazón en mil pedazos. Aquellas eran de lo peor; te marcaban en un segundo y tomaban años en sanar. A veces, algunas nunca lo hacían. —Thea hay una sola, nunca lo olvides. —Sonrió algo sonrojada, y asintió para luego marcharnos de allí
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